Viaje a la punta del cerro

Texto y foto: Gerardo Cárdenas

cruz
El cerro San Cristóbal es el Olimpo limeño. Y si existe una escalera al cielo, no puede ser otra que el recorrido en bus del centro de Lima a la punta del cerro. ¿Cuánto cuesta un pasaje de ida al firmamento? Cinco soles. Incluye guía turístico.

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Hoy es una mañana húmeda de setiembre. Las nubes grises cubren el cielo mientras lloriquean unas tímidas gotas de garúa. Justo frente a la alameda Chabuca Granda, a dos cuadras de la Plaza Mayor, un pujante autobús se estaciona y deja que suba una veintena de bulliciosos escolares mientras las profesoras hablan con una señora parada en la vereda.

Según la tradición Un cerro con historia de Ricardo Palma, Francisco Pizarro bautizó al “cerrillo de forma cónica” el 14 de setiembre de 1536. Manco Inca, al mando de 60 mil hombres había sitiado la ciudad y sólo un milagro podía salvar a los 500 defensores españoles.

El milagro vino por cuenta de San Cristóbal, al que le encomendaron la imposible tarea de hacer crecer el río Rímac y evitar que las tropas de Manco Inca pasaran. “Por el contrario, a los españoles les bastaba encomendarse a San Cristóforo (cargador de Cristo) para vadear el río sin peligro”, relata la tradición.

El 14 de septiembre los asediadores emprendieron la retirada, que fue celebrada por los españoles con una peregrinación a la cima del cerro. Una vez arriba, Pizarro “lo bautizó con el nombre de San Cristóbal y para dar principio a la erección de una capilla puso en la cumbre una gran cruz de madera”.

Pero esa no es la que verán hoy los inquietos escolares. La luminosa cruz que se ve de noche fue puesta el 23 de diciembre de 1928, durante el gobierno de Augusto Leguía. Sin embargo, si hay algún episodio histórico digno de ser contado que tenga como protagonista al cerro San Cristóbal, ése fue en la guerra con Chile.

“La guerra empezó en abril de 1879. Para octubre del mismo año, Perú ya había perdido toda su fuerza naval, lo que le permitió a Chile tener una movilidad cómoda a través del mar peruano”, narra el historiador Iván Hinojosa. La resistencia limeña fue a través de reductos, en donde la propia población civil intentó defender la ciudad.

“Hay fotos en las que se ve artillería en el Cerro San Cristóbal”, cuenta Hinojosa. Este importante despliegue estaba encargado de proteger la zona norte de la ciudad. “Lo malo es que los chilenos entraron por el sur”, ultima el historiador. El resto es historia conocida.

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Miriam, la señora que conversaba con las profesoras, nació y creció en el cerro San Cristóbal. Trabaja en turismo al cerro desde que el negocio inició en 1997. “Antes al cerro San Cristóbal se le conocía como ‘pampita de medio mundo’ por lo peligroso y desolado. Ahora es ‘el mirador’. Es un destino turístico”, cuenta Miriam mientras esperamos el próximo carro, el que me llevará hasta la cruz que ilumina las desvariadas noches limeñas.

El bus llega al paradero, me siento al lado del conductor, un grupo de escolares toma la parte trasera del carro y unos cuantos turistas se atrincheran detrás de mi asiento. Arrancamos.

La subida toma poco menos de media hora. El chofer luce serio e imperturbable y la joven guía tiene la increíble capacidad de hablar más rápido de lo que avanza el carro. Lástima que la velocidad de sus palabras hagan imposible la comprensión de lo que dice. Cruzamos el río Rímac, seguimos por el paseo de aguas y entramos a la cuesta que nos llevará al cielo.

A medida que subimos, empiezo a contar las catorce cruces que marcan el camino a la cima. Sirven de guía a los feligreses que celebran la semana santa. Pero algo llama mi atención, además de los perros adormecidos por el hambre y la estrechez del sinuoso camino al lado del barranco: los protectores metálicos al borde de la pista están seriamente dañados y salidos de su lugar.

-¿Cuántos carros se han caído? -pregunto al chofer mientras el carro bordea una curva cerrada.
-Ninguno -responde, sin voltear el cuello. Su mirada está fija en el camino, no se puede desconcentrar en un camino más o menos peligroso como este- Nunca.
-¿Y por qué los protectores están así? -insisto.
-Ah… Debe ser por la cantidad de gente que viene en semana santa -responde, otra vez, sin despegar sus ojos de la pista.
-Entonces se ha caído gente -digo en voz baja- porque ese protector está como un metro flotando sobre el abismo.
-No ha pasado nada nunca -sentencia, mirando de reojo, algo molesto- Nada que yo sepa.

Llegamos a la cima. Tenemos unos minutos para pasear por los alrededores. Aprovecho para alejarme todo lo que puedo de los escolares e intento escuchar los rugidos de la ciudad: bocinas, gritos y música se mezclan con sonidos incomprensibles que dan forma a un bramido perturbador que le clama al cielo que los limeños somos una bulliciosa mezcolanza de identidades, costumbres y, por supuesto, sonidos.

Mientras camino y veo el panorama, recuerdo a Raúl Porras Barrenechea, cuando escribió que “las ciudades existen no sólo en la geografía, sino en el espíritu” y comprendo que es imposible conocer la esencia de Lima si no se ha visitado por lo menos una vez en la vida el mítico cerro San Cristóbal.

Avanzo unos pasos más, junto al precipicio donde veo una bandera peruana pintada sobre las piedras; y concluyo la mejor razón para recomendar el viaje: Lima se ve mejor 400 metros por encima de las cabezas de los limeños. El bus da vuelta. Es hora de regresar.

10 Comentarios

  1. Jociu /

    Más secretos de la lima cuadrada , redonda y afines!!! ésta es la parte urbana que la ciudad jamás dejará ir…

  2. Futsal /

    Interesante historia , seguro hay muchos lugares en lima los cuales mucha gente no conoce pero tienen mucho de historia que contarnos

  3. silvana /

    me dio soroche!!!pero sii, da ganas de subir el cerro, yo ya lo he hecho, y se lo recominedo a la gente que no lo ha hecho porque una cosa es ver Lima la gris de abajo que ver toda la ciudad y lo grande que es. que linda cronica tutu

  4. Yo solo he subido al morro solar…

  5. Sofía /

    Recuerdo un paseo muy corto hace muuuucho

  6. Gerardo Cárdenas /

    Sandra: La primera! Te has ganado un fuerte abrazo.

    Jociu: Lima es cuadrada, redonda e infinita.

    Futsal: De qué deporte eres?

    Silvana: Soroche en el cerro san Cristóbal?! Ten cuidado cuando subas al edificio McGregor…

  7. Diana /

    El cerro tiene sus aires propios. Es una casa vieja que acoge todo visitate, no antes haberle cobrado un peaje. Su peaje son los mareos, las nauseas o el cansancio, siempre que subas heroicamente mereces un recibimiento al nivel.

    En éste caso un tour en bus te permite conocer la superficie, no sus grietas, no su sangre. Te lo dice alguien que ha subido mas de 5 veces (todas a pie) con su botellita de agua, las piedritas en el bolsillo (ya sabes para las cruces que hay cada tramo -y que supongo ya te habrán contado la historia) y la ropa mas holgada que pueda (por si me encuentro con tipos que con el afande ayudar te levantan más que del brazo).

    Dicen mil leyendas del cerro; que era un dios de Lurincancho, un volcán o un camino de peregrinaje. Para mi lo es todo y más. Un conjunto de voces, de deseos, de suplicios y de pendejadas. Por eso de ahi se ve toda Lima y sus multiples colores.

  8. Roberto /

    Con todo respeto, la crónica es muy floja, muy muy floja.
    No tiene personajes, la entrada no invita a seguir leyendo, el reporteo realizado es insignificante, lo que cuentas no tiene mayor interés, está narrada sin ritmo alguno… Es muy floja, siendo benevolente con el calificativo.

    Pero lo más preocupante de todo es que debes de estar orgulloso de este relato, si te atreviste a dejar el enlace en el grupo Facebook de Gatopardo. Lo interpreto como una señal de que crees que es presentable.
    Y créeme, no lo es.

    Gracias.

  9. K.lizeth /

    Yo vivo en el rimac desde que naci y desde chica subi al cerro San Cristobal una vez caminando en semana santa dejando una piedra en cada cruz del camino (en eso consiste el recorrido) y muchisimas veces en carro con un grupo de amigos por el año 1998 al 2000 en las noches se siente una sensacion increible ver todo lima desde arriba, las luces de los carros que forman las avenidas, entre nootros deciamos que avenida era tal o aquella, es un lugar mistico, y me siento muy afortunada de haber vivido cerca al Cerro San Cristobal y contar que formo parte de una etapa de mi vida

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