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Por: Carlos García
La ciudad aún no termina de despertar, pero sus habitantes están más despiertos que nunca. Desde muy temprano llenan las cuadras tres, cuatro y cinco de la avenida Tacna para formar parte de ese mar humano que año tras año recorre la Ciudad de los Reyes acompañando el paso lento del Salvador.

El sonido de cohetes reventando al unísono sobre el puente Santa Rosa me indica la ubicación de la sagrada imagen del Cristo de Pachacamilla. Mientras me dirijo hacia allá, veo las ambulancias listas para recibir a los fieles sofocados por la fe. Ahora, atienden a una señora cincuentona, la cual recibe una mascarilla de oxígeno mientras le toman la presión. A la distancia, los fieles se sientan en las aceras para descansar.

Avancen hermanos: una crónica con sabor a procesión

Texto y fotos: Carlos García

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La ciudad aún no termina de despertar, pero sus habitantes están más despiertos que nunca. Desde muy temprano llenan las cuadras tres, cuatro y cinco de la avenida Tacna para formar parte de ese mar humano que año tras año recorre la Ciudad de los Reyes acompañando el paso lento del Salvador.

El sonido de cohetes reventando al unísono sobre el puente Santa Rosa me indica la ubicación de la sagrada imagen del Cristo de Pachacamilla. Mientras me dirijo hacia allá, veo las ambulancias listas para recibir a los fieles sofocados por la fe. Ahora, atienden a una señora cincuentona, la cual recibe una mascarilla de oxígeno mientras le toman la presión. A la distancia, los fieles se sientan en las aceras para descansar.

procesion2En las aceras también se ubican decenas de vendedores ambulantes. Hacen su agosto en octubre a costa de todo aquello que pueda ser vendido, desde turrones a tan sólo un sol hasta detentes de todos los tamaños y de todos los santos. Es curioso que en medio de toda esta parafernalia típica de procesión, un vendedor ofrezca- a bajo precio- muñecos de una conocida serie de animación japonesa. Un cargador pasa por su lado mientras se pone el hábito morado de manera veloz y su esposa le acomoda la corbata.

En el cruce de Conde de Superunda y Rufino Torrico, se produce mi primer encuentro con la imagen del Señor de los Milagros. La multitud llena las esquinas esperando ver por unos minutos el rostro del hijo de Dios, que se acerca lentamente en hombros de sus cargadores.

Hombres y mujeres, ancianos y niños, alzan la mirada y elevan oraciones que suben al cielo acompañadas de olor a sahumerio. Las cantoras, señoras que con su voz acompañan el paso lento del anda a lo largo de la procesión, se unen a los ruegos que me rodean: Dios está aquí.

El anda se detiene y la multitud aplaude ante la presencia del Señor. Al ver un niño en brazos de su padre recuerdo mi niñez, esos días en los que mi madre me cargaba para ver aquella imagen mientras yo me emocionaba y sentía que estaba cerca de Dios.

Ese pequeño, al igual que yo en el pasado, no era consciente de lo que estaba sucediendo a su alrededor: no se daba cuenta de que era parte de la segunda manifestación de fe más grande a nivel mundial. En mi cabeza resuenan unas palabras venidas también de otro tiempo: “Dejad que los niños vengan a mí.”

Sorprendido al ver la Plaza Mayor abarrotada de gente, la imagen sigue su recorrido por Conde de Superunda. Palacio de Gobierno se prepara para ofrecer su homenaje al ritmo de la banda de los Húsares de Junín y el alcalde de Lima, Luis Castañeda, sale a su balcón para saludar a los fieles devotos que esperan la presencia del Salvador. Y a pesar de la ausencia del presidente Alan García, la emoción continúa.

procesion3Los rostros de los asistentes se iluminan al ver ingresar la imagen a la Plaza Mayor a ritmo de la Marcha de Banderas junto al cordón policial que avanza y los fieles que luchan por estar lo más cerca posible del anda del Señor.

La imagen avanza por el jirón Junín rumbo al Congreso de la República para recibir el homenaje de los padres de la patria. Las puertas de la plaza Bolívar se abren para dar la bienvenida a los que quieran presenciar esta ofrenda del Congreso y los hombres de prensa se alistan para hacer su trabajo.

En pleno homenaje de la Compañía de Bomberos una tonada salsera empieza a sonar en lugar de la solemne marcha procesional. Es la nota pintoresca del recorrido.

Fabiola Morales, segunda vicepresidenta del Congreso, es la encargada de recibir la imagen en la puerta del Parlamento. El hall de los Pasos Perdidos luce abarrotado de familiares de congresistas y demás trabajadores del Legislativo.

Dos rostros sobresalen por encima de todos: Carlos Raffo y Lourdes Alcorta, quienes poseen una mirada solemne y meditabunda que no se parece en nada a la que muestran las cámaras cuando reportan sobre sus actividades diarias. Alcorta acompaña la imagen en actitud de oración y con la mirada fija en el Señor, no existe un sólo rastro de la típica rigidez facial.

El paisaje de ‘Barrios Altos’ muestra balcones de madera carcomidos por el paso del tiempo y casas que presentan peligro de derrumbe. En el cruce de Junín con Cangallo se alza una piedra llena de tradición: La peña horada.

Según la tradición, el demonio se paseaba por Lima hasta que se encontró con la procesión del ‘Corpus Christi’ y se escondió dentro de una roca. La piedra presenta una forma antropomorfa que bien parece estar poseída por el diablo. Nuevamente una imagen sacra aparece frente a dicha peña. Me hubiera gustado saber si Satanás huyó esta vez del Cristo de Pachacamilla.

Al mismo tiempo, el anda del Señor de los Milagros hace su entrada al patio de la Iglesia de la Virgen del Carmen. Los cohetes revientan con fuerza sobre el cielo de ‘Barrios Altos’ y el sahumerio se alza cargado de oraciones que ni el repicar de campanas opaca.

La corona que adorna el patio de la iglesia se abre y deja caer una lluvia de pétalos blancos y rojos ante el paso de la imagen -la cual ingresó a la iglesia para recibir un homenaje de las madres carmelitas que, por tener votos de clausura, no pueden ser vistas por personas ajenas a su claustro.

La imagen del Cristo Moreno sigue dentro del templo y yo tengo que partir. Han sido más de ocho horas en las que he visto rostros e imágenes que he transmitido en estas líneas.

Al buscar un paradero veo cómo los ambulantes se han ubicado en las calles aledañas y en las brasas se empieza a sentir el aroma del popular anticucho. A lo lejos, un señor invita a probar “sin compromiso” su turrón. Tengo hambre pero sigo mi camino reflexionando sobre mi fe, la que muchas veces tenemos pero que nos cuesta encontrar

Texto: Martín Bustamante
Foto: Limaeasy.com

Ubicado en pleno corazón de Miraflores, el …

Al museo Amano

Texto: Martín Bustamante
Foto: Limaeasy.com

museo amano

Ubicado en pleno corazón de Miraflores, el Museo Amano es uno de los pocos que fueron concebidos como tales en el Perú. Fue creado y diseñado en 1964 por Yoshitaro Amano, un ingeniero naval proveniente del Japón. Su amor y dedicación a la preservación y recuperación de la historia peruana están fielmente plasmados en el lugar que lleva su nombre y en las piezas que muchas veces él mismo consiguió.

Entrar a este museo es tan trabajoso como levantar el teléfono y preguntar si se puede ir, pues está regido por un sistema de visitas guiadas con reserva telefónica previa, único requisito para entrar. El pago es voluntario, por lo que no hay excusa.

Una vez que el guardia le permite la entrada al visitante -previa verificación de identidad- los portales de esta edificación están abiertos para dar los primero pasos dentro de este submundo histórico.

Adentro, será necesario firmar el cuaderno de visitas, que está lleno de recuerdos de extranjeros de todas partes del mundo. Sin embargo, son muy pocas las firmas de gente de habla hispana. Detalle que los administradores del museo no toman en cuenta, pues los guías dirigen el recorrido por el museo sólo en español.

El museo consta de dos salas abiertas al público, a las que se puede acceder con compañía del guía. La primera sala cubre la sección de los cerámicos, donde se tiene en exposición un gran número de piezas ordenadas según orden cronológico y por culturas. La segunda sala está compuesta por una serie de telas y telares encontrados durante los diversos viajes del ingeniero Amano. Las piezas se encuentran en un estado de conservación impresionante.

Durante la visita guiada -que suele durar alrededor de una hora- el guía de turno explicará, pieza por pieza, tanto los detalles de dónde fue encontrada como el posible significado que representa cada una de éstas.

El único detalle que debe ser solucionado es que si uno habla inglés –como cualquier otro idioma en lugar del castellano-, se verá en apuros pues el encargado del recorrido no maneja bien este idioma.

Se pueden apreciar mantos, ponchos e incluso catálogos precolombinos cuya riqueza en colores y complejidad en el tramado sólo se podrían comparar en la actualidad con la más avanzada maquinaria. Aún así, probablemente no se pueda alcanzar la belleza que irradian estas piezas milenarias. Es una experiencia que nadie se debe perder, sobre todo porque las técnicas con las que se produjeron se han perdido con el inexorable paso del tiempo.

Después de que el visitante termine fascinado por la magnificencia de los textiles, el guía da por concluido el tour y lleva a los visitantes a una tienda turística donde se ofrecen diversos productos relacionados con el museo: agendas con temas encontrados en los textiles, así como, chalinas, chales y ponchos hechos con técnicas parecidas a las vistas en la exposición.

El Amano, a pesar de no ser muy conocido, es un museo que bien vale la pena visitar, tanto para admirar la belleza de los objetos que exhibe como para conocer un poco más de la habilidad y destreza de nuestros antepasados. Además, para aquellos que gustan del shopping y deseen hacerse de piezas que parezcan de colección, esta experiencia es realmente imperdible.

+ DATO ZERO +

El museo está ubicado en la calle Retiro número 160, a espaldas de la cuadra 11 de la avenida Angamos Oeste.