Avancen hermanos: una crónica con sabor a procesión
Por: Carlos García La ciudad aún no termina de despertar, pero sus habitantes están más despiertos que nunca. Desde muy temprano llenan las cuadras tres, cuatro y cinco de la avenida Tacna para formar parte de ese mar humano que año tras año recorre la Ciudad de los Reyes acompañando el paso lento del Salvador. El sonido de cohetes reventando al unísono sobre el puente Santa Rosa me indica la ubicación de la sagrada imagen del Cristo de Pachacamilla. Mientras me dirijo hacia allá, veo las ambulancias listas para recibir a los fieles sofocados por la fe. Ahora, atienden a una señora cincuentona, la cual recibe una mascarilla de oxígeno mientras le toman la presión. A la distancia, los fieles se sientan en las aceras para descansar.
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