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Arribé a la escuela de diseño MAD después de pasar por un tráfico estelar en la avenida Angamos Este cuando me di cuenta que me había equivocado en la hora del evento. El lugar ya había congregado a un buen número de personas que se podían observar desde la puerta de diseños modernos en metal. La gente andaba en grupos, todos vestidos de colores vistosos y peinados de moda: estaba más que claro que el evento era para fanáticos del arte.

Una explosión de creatividad sedienta de más material

MAD, diseño, NIKE, zapatillas, DGPH y (pocos) artistas peruanos

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Texto: Montserrat Rúa

Fotos: Lauro Minaya

7:30 p.m. 16 / 02/ 09

Arribé a la escuela de diseño MAD después de pasar por un tráfico estelar en la avenida Angamos Este cuando me di cuenta que me había equivocado en la hora del evento. El lugar ya había congregado a un buen número de personas que se podían observar desde la puerta de diseños modernos en metal. La gente andaba en grupos, todos vestidos de colores vistosos y peinados de moda: estaba más que claro que el evento era para fanáticos del arte.

Ni bien uno ingresaba se podía dar con una mampara que mostraba logos y frases de Nike hechos con esténciles, un buen comienzo.

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Terminando el pasillo, pasé a la galería donde estaban los trabajos del esperado colectivo argentino DGPH: monstruos, monstruitos, de distintos colores y escenarios, un mundo de fantasía desperdigado en afiches sujetos a la pared que daban la bienvenida a lo que sería la inauguración de la muestra ACHACHAU!! y al evento Do It Yourself hecho en cooperación de MAD con Nike.

Del salón a los hechos

Rodeada de gente amante del arte en Lima, y ya acompañada de amigos, me encontré con un público joven, fresco y altamente creativo. Podía reconocer entre ellos a gente que hace graffitis, algunos diseñadores gráficos, de moda, cantantes de bandas pop, modelos, etc.

Luego de echarle un vistazo a aquel espacio en blanco lleno de los fantásticos diseños argentinos, nos dejamos guiar por un sonido y llegamos al salón de la creatividad.

Unos muchachos vestidos con ropas multicolores de diseños complejos y altamente personalizados realizaban trabajo en escena en una terraza que paso a paso se ampliaba. Se expresaban en una pared semi-blanca con brochas y aerosoles.

mads5000844Pero eso no era todo. Llegando a la mitad de la terraza posterior del MAD los vi, fue como amor a primera vista: artistas distribuidos en mesas metálicas, dibujaban muy concentrados en zapatillas blancas, usando marcadores, pinturas, entre otros. Desbordaba el arte.

Admito que interrumpirles mientras diseñaban hubiera sido una pena, un sacrilegio. Tampoco me cabe en la cabeza cómo pueden crear personajes o diseños tan complejos y plasmarlos, en cuestión de segundos, en zapatillas.

Avanzando hacia la derecha encontramos a un diseñador que si bien no hacía personajes pintaba con colores excéntricos las zapatillas, siguiendo unas combinaciones y trazos muy buenos.

En la mesa central del lugar estaban los muchachos de la DGPH, Andrés Vaisberg y Martín Lowenstein, quienes sonreían a todo aquel que los mirara y respondían preguntas amablemente.

A su derecha, un chico  con ropas de colores llamativos que parecían haber sido pintadas por él dijo: “No, ésta ya es ropa comprada”, mientras reía. El artista de lentes gruesos y de mano rápida y precisa diseñaba y aplicaba color en medio de rostros embobados y maravillados por tanto arte, carisma y felicidad irradiante.

Un poco más adelante, en una mesa compartida, estaba el célebre diseñador gráfico limeño, Diego Cornejo, innovando en unas zapatillas que poco a poco dejaban su color blanco para pasar por trazos rosas y celestes.

Todo era colorido y musical. Cerca de ellos estaba la consola, dos Macintosh, mezcladora, vinilos y un DJ, también perteneciente a la movida artística de Lima.

No es raje, pero hablemos claro

Caminando en círculos o en zigzag, pasando por cada mesa, cual niño curioso que se detiene a mirar algo  que deslumbra, nos encontramos con opiniones encontradas en la sala.

Se veía algo desorganizado y carente de material, al parecer falto stock.

Es una pena ya que sólo fueron siete artistas para una sala que podía ser ocupada por más.

Cerca a las 10:00 p.m.

Paradójicamente encontramos a gente de generaciones mayores ingresando. Algo confusos partimos del lugar un poco desilusionados porque queríamos ver y sentir más, pero a la vez alegres de haber iniciado una nueva semana con tanta buena vibra.

SUBE
“Añoro los domingos mañaneros en la azotea de los abuelos, los primos reunidos tirando globos a los vecinos y el desbordante olor a betún Kiwi.”
BAJA
“Pues bien, odio esa estupidez llamada ‘carnaval peruano’ por lo que representa: la oportunidad para que un huevón se las dé de pendejito, lanzando sus ráfagas de H2O en sus distintas modalidades…”

Los carnavales

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Creación fotográfica:  Sofía Pichihua (imágenes: Blog Studio 92, Arcomex, Norte de Santander)

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Texto: Lorena Chauca

Me gustan los carnavales, pero me gustan a la antigua, cuando los jugaba. Extraño mis sayonaras azules a las que siempre se les salían las tiras y mis rodillas sucias y flacas coloreadas de morado. Añoro los domingos mañaneros en la azotea de los abuelos, los primos reunidos tirando globos a los vecinos y el desbordante olor a betún Kiwi.

Me gusta ver las bateas repletas de color amenazante y las niñas con shorts diminutos sentadas en las puertas de sus casas. Me gustan porque me traen recuerdos de mi barrio, de mis shorts y de mi tío. Lo recuerdo empapando a su esposa con bateas y riendo a mandíbula batiente. Ahora no le quedan ni bateas ni esposa, ni risa, ni hijos.

Me encanta ser inmune a los chibolos porque indefectiblemente me he vuelto tía y lo bueno es que la ropa no se moja. Disfruto de los niños achorados pues me transportan al jirón de mi niñez, a mi pelo mojado, a la abundancia de piojos y a las trenzas chiquititas. Luego pienso en las guerras entre cuadras y en los globos de bolsa improvisados y demasiado dolorosos.

Entonces, recuerdo al chico con el que todos molestaban; se llamaba Moisés como el que abrió las aguas, pero él no me abrió nunca nada aunque sí me lanzó agua: dos globazos desde su tercer piso que me malograron la espalda por dos días, lo que dicen las viejas que dura el amor a los 11.

No recuerdo haber sido más libre que cuando correteaba a los chicos de la cuadra tirándoles cuanto globo podía o cuando les tomaba el pelo a los mayores pidiéndoles que abran mi retrete de juguete para verlos sorprendidos con un chorro de agua en la cara. Y luego correr hasta la esquina, a la tienda de Ramiro y pedirle la bolsita de globitos o, si la propina no alcanzaba, comprar con veinte céntimos sólo uno y mirando al suelo rogar por buena puntería.

Disfruto que me mojen cuando sudo como bestia de carga, siempre y cuando no haya metida de mano ni cogoteada de por medio. Y ya con el agua en el polo pegadito pienso en las botellas plásticas de mi abuelo, los perfectos infladores para pobres. Sólo entonces me pongo triste, porque te recuerdo, mi compañero de juegos y recuerdo lo útil que eras en carnavales. Siempre amarrabas mis globos y me regalabas los tuyos cuando mis torpes manos los reventaban.

Luego, cuando la presión del agua bajaba en ese San Martín inolvidable, acomodábamos con paciencia las botellas de Coca-Cola en el caño hasta que el triste chorro de nuestro lavadero las llenara y allí empezaba nuestro verdadero trabajo de equipo. Yo ponía el globo en el pico y tú presionabas con tu metro treinta la botella; me apurabas para que no se reviente el globo y luego  me consentías amarrándolo como me gustaba, con su hijito en la punta: un globo partido en dos.

Y ahora que se acerca el final de carnavales, veo a las calatas moviéndose en Río de Janeiro y pienso en lo mucho que te hubiera gustado avergonzarlas con las tetas que te pusiste poco antes de morir.

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Texto: Ronald Cotaquispe

¿Qué puede decirse del carnaval peruano?, ¿que es una fiesta vecinal, agradable, en que muy felices nos baldeamos el uno al otro para estar fresquitos y no agotarnos con el sol quemante; o que más bien es el jolgorio de unos cuantos sátrapas que se alucinan faites, que se pavonean por dejarte empapado luego de un buen porrazo de agua, mientras ellos lucen totalmente secos?

Está bien, es obvio que me inclino por la segunda alternativa y que odio los carnavales. La pregunta era sarcástica pero tú ya lo habías anticipado mucho antes de empezar a leer, porque, como habrás visto, amigo lector, soy el ‘Bajo’ de esta fecha.

Pues bien, odio esa estupidez llamada ‘carnaval peruano’ por lo que representa: la oportunidad para que un huevón se las dé de pendejito, lanzando sus ráfagas de H2O en sus distintas modalidades: en globo, que cuando impacta, te duele; en pistola, que te deja una sensación punzante en el cuerpo; y/o en cubeta, que cuando te cae no sabes qué pasó hasta después de unos segundos, en que te descubres empapado y hecho un lorna a la vista de los transeúntes secos.

Habrás notado, amigo lector, que he mencionado dos veces la palabra “secos”.  Es que por estas fechas ese adjetivo, aunque frívolo, es valiosísimo entre los desventurados que osan ─y en verdad es una osadía─ deambular por las calles infestadas de esta plaga de “carnavaleros”. Habrás sentido, te lo aseguro, una sensación de alivio enorme cuando, luego de haber llegado a tu destino, palpas tu cuerpo y con todo derecho dices “uf… seco y limpio”.

¿No te jode, amigo lector, que el destino de nuestro buen ánimo esté en las manos de un pata que te arremete, escondiéndose en la seguridad de un piso alto. ¡Qué marica!, ¿no te parece?

Una vez que hemos dejado de estar secos, nos queda aún el privilegio nada deleznable de estar limpios. Unos cuantos mililitros de agua encima, que seguro se evaporarán con el sol, no nos dañarán más que el orgullo por unos minutos. Lo peor es cuando ese líquido que nos arrojan viene con sorpresa, y tú sabes bien a qué me refiero.

Imagina que te encuentras andando por la calle muy despreocupado -a unas pocas cuadras de tu casa o por un vecindario que te es desconocido (realmente eso no importa)- cuando de pronto se te aproximan unos sujetos cargando su mejunje carnavalero preparado especialmente para ti. Ya cuando te das cuenta (muy tarde), se te han abalanzado y estás cubierto con esa huevada que esperas sea pintura y nada más que pintura.

Ahora la pintura ha pasado a un segundo plano, pues el preparado ha ganado más ingredientes. ¿Cómo lo sé? Pues justo por estas fechas -no es broma- he visto por la calle a un niño, que luego de una buena carnavaleada, salió teñido de un color marrón como la misma mierda.

¿Es que ahora debemos salir a la calle a riesgo de terminar oliendo a caca? What the fuck! Ahora así, amigo lector, no me vas a negar que el carnaval peruano da asco literalmente. ¿Fiesta vecinal agradable? My ass.

Por: Sofía Pichihua

La campaña escolar promovida desde las ferias [Video]

Texto y foto: Sofía Pichihua

Como en otros países de América Latina, los escolares peruanos regresarán a las aulas la primera semana de marzo. Por ello, los padres de familia deben acelerar las compras de lo indispensable para que sus hijos no se atrasen. Las ferias escolares se convierten en una alternativa para los jefes del hogar ya que encuentran una increíble variedad de productos a precios ‘al costo’.

Número Zero visitó dos ferias en Lima. La primera, denominada Feria Megasur, está ubicada en el local del Instituto Peruano del Deporte (IPD) en San Juan de Miraflores. La segunda, llamada Expoferia Escolar,  se encuentra en Plaza San Miguel.

La organización de una feria según José Luis Pérez, presidente de la Asociación de Feriantes Megasur, se inicia a finales de año para programar todos los detalles necesarios como el local, expositores, requerimientos del distrito, etc.

La asociación a la que representa Pérez cuenta con 44 socios que participan activamente en la feria ya que no sólo la organizan sino que también ofrecen sus productos. Por otro lado, la mayoría de participantes de la Expoferia Escolar son expositores alejados del grupo organizador, MMultilibros EIRL, que sólo tiene un espacio dentro de la Expoferia Escolar de Mega Plaza, establecida por esta empresa también.

Jamee Guerra, administrador de la Expoferia, señala que la campaña escolar empieza entre la quincena de febrero y la quincena de marzo -cuando se registra más ventas. Pero encontrar la mejor temporada para iniciar la feria le costó dos intentos no tan satisfactorios.

“La gente ya llegaba con listas a la mitad (en la primera feria en el 2006), la siguiente vez se inició un 8 (de febrero) y nuevamente se repitió la misma experiencia. Por eso es que este año empezamos a partir del 1 de febrero, para que la gente llegue con su lista completa”, explica.

A pesar de que las ventas iniciaron muy bajas en las dos ferias -tal  como los vendedores encuestados creen-, ambos organizadores confían en que se llegará a las estimaciones de crecimiento. En el caso de Pérez de un 30% con respecto al año anterior. Por eso, “la primera quincena de marzo es clave”, indica Guerra.

EL MERCADO

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¿Qué tienen en común estas ferias? Ambas coinciden en ser las terceras ediciones bajo el mismo nombre y en el mismo distrito. No obstante, en realidad tienen más diferencias marcadas por el mercado al que se dirigen: algo que se refleja en los productos que ofrecen o dejan de ofrecer.

La feria escolar de San Juan de Miraflores vende útiles escolares, mochilas y uniformes. Sin embargo, y a pesar de los intentos por convocar comerciantes del rubro textil, la Expoferia Escolar no brinda este tipo de productos. “Los invitamos pero como ahora cada colegio tiene su uniforme, no les conviene venir”, dice Guerra.

SEGURIDAD E IMAGEN

Seguridad e imagen son dos variables que todo organizador de una feria debe resguardar. El cuidado en la selección de los expositores -por el lado de San Miguel- o el control de los productos ofrecidos por los miembros -en el caso de San Juan de Miraflores- tiene que ser especial, expresan ambos organizadores, para el mantenimiento de la imagen de la feria.

El encargado de verificar que todo producto que se venda en la Expoferia de San Miguel es Guerra, el administrador. Su similar en la feria de San Juan de Miraflores es Luis Rubio. Según José Luis Pérez, la responsabilidad de Rubio es detectar casos en los que se venda productos adulterados o tóxicos e inmediatamente “desechar” esos productos. Jamee Guerra asegura que su compromiso es guardar la mercadería para evitar que sea ofrecida al público.

Tanto Guerra como Pérez dicen prevenir este tipo de problemas, recomendando a los vendedores que brinden productos de marcas populares y de reconocida calidad.

EN EL LIMBO

Se encuentran algunas dificultades con respecto a la realización de ferias. Sobre todo relacionadas a los espacios de venta. Guerra asegura que “el problema de San Miguel es que tiene todo los locales alquilados”. El administrador teme que el año que viene se repita la experiencia del 2008 en la que se dejó de realizar la feria.  Por otro lado, la asociación de Pérez tuvo algunas dificultades este año para la utilización del terreno del IPD, hecho que retrasó la inauguración de la feria hasta el 21 de febrero, aunque ya se había iniciado las ventas desde la segunda semana del mismo mes.

+ Información importante:

  • Investigadores de INDECOPI salieron a las calles y obtuvieron un promedio de precios de útiles escolares y uniformes escolares el 19 de febrero del 2009 en el Mercado Central y Gamarra, respectivamente.
  • Seguimiento de la campaña “Alto a los negociados con los útiles escolares” de ASPEC.
  • Los útiles escolares tóxicos invaden el Centro de Lima, informa Perú.21.

La noche que muchos fanáticos de la lucha libre en el Perú esperaban llegó y pasó, pero vivirá en las retinas (y memory sticks) de las más de 13 mil almas que colmaron el estadio Nacional de Lima.

Los días previos estuvieron cargados de chismes y especulaciones. Las páginas web y foros reventaban con comentarios sobre la llegada a la capital de luchadores que no estaban programados y de cambios en las luchas por títulos. Incluso muchos hablaban del tan promocionado enfrentamiento del talento local ‘Apocalipsis’ contra ‘Jeff’ Hardy.

Noche de lucha en el Nacional

Texto: Carlos García

Fotos: La Raza

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La noche que muchos fanáticos de la lucha libre en el Perú esperaban llegó y pasó, pero vivirá en las retinas (y memory sticks) de las más de 13 mil almas que colmaron el estadio Nacional de Lima.

Los días previos estuvieron cargados de chismes y especulaciones. Las páginas web y foros reventaban con comentarios sobre la llegada a la capital de luchadores que no estaban programados y de cambios en las luchas por títulos. Incluso muchos hablaban del tan promocionado enfrentamiento del talento local ‘Apocalipsis’ contra ‘Jeff’ Hardy.

Carlos Navarro, fundador del grupo especializado en lucha libre La Raza Wrestling comentó que las notas que salieron en Perú.21 sobre una posible lucha entre el crédito peruano y el ex campeón de la WWE se debieron a presiones del sindicato de luchadores peruanos. Ellos, en palabras de Navarro, querían hacer cumplir la ley que obliga a tener en un espectáculo de estrellas internacionales a talentos locales (la razón de ser de los grupos teloneros).

También se especulaba la posibilidad de un Meet & Greet con los luchadores, el cual nunca se llegó a realizar. Y mientras los medios le daban cabida a la lucha libre de entretenimiento, los fanáticos corrían a Polvos Azules a buscar merchandising de la WWE. Número Zero visitó este centro comercial y comprobó que los polos y gorras con logos y figuras de los luchadores volaron.

EL DÍA ESPERADO

El ambiente estaba preparado para una gran fiesta. La noche aún no caía sobre el coloso de José Díaz y miles de niños, jóvenes y adultos que ya hacían su cola para ingresar al evento. También se hizo presente el ingenio de los peruanos: un buen número de ambulantes remataban muñecos, polos y pósteres del hombre al que todos querían ver esa noche: ‘Undertaker’.

La sorpresa y admiración ¿Por qué no? que tuvimos muchos fue hallar a un comerciante que había hecho a mano réplicas de los cinturones de campeonato que utilizan los luchadores americanos. El muchacho comentó a Número Zero que era de Trujillo y que sólo había venido para vender su tan preciada mercancía. Los niños se acercaban y le decían a sus padres: “Papá, mira el señor ha hecho los títulos, cómprame uno”. El precio: 50 soles.
La cola más extensa era la que correspondía a la ubicación en Tribuna Norte, la más barata. No faltaban los que vendían lugares ni la reventa de entradas. Mientras se avanzaba hacia las puertas se escuchaba murmurar a los concurrentes “¿Y si llueve?”, pues unas cuantas nubes empezaban a llenar el cielo sobre el Nacional.

Al entrar al recinto una imponente estructura metálica se observaba sobre el centro de la cancha. En medio de inmensos parlantes y luces, el ring era fotografiado una y otra vez por todo aquel que quería tener un recuerdo de la velada de Smackdown en Lima. El ingreso al estadio empezó a las 6 de la tarde, inició puntualmente con la entrada de Lilian García, anunciadora del show, entonando con los asistentes el Himno Nacional.

En la primera lucha un verdadero gigante hizo su ingreso al ring. ‘El Gran Khali’, coloso de las selvas de la India, dejaba ver su casi dos metros y medio de estatura para derrotar a un luchador de poca monta.

La pelea que calentó el ambiente fue una triple amenaza por el título de los Estados Unidos entre MVP (Montel Vontavious Porter, también llamado el ‘más valioso peleador’), Carlito y, defendiendo su presea, Shelton Benjamin. Los fans le arrojaron a MVP una camiseta blanquirroja. Si bien este luchador no se llevó el triunfo, sí se metió en el bolsillo al público del Nacional, flameando la camiseta número diez de la selección en el ring.

La oscuridad ya dominaba el cielo de Lima y los relojes marcaban las nueve y media de la noche cuando una campanada hizo estallar el Nacional como ningún gol de algún equipo de fútbol lo hubiera hecho: ‘Undertaker’, la leyenda viviente de la lucha libre, hacía su ingreso al cuadrilátero frente a los numerosos flashes que buscaban la mejor imagen de este luchador. Ante la esquina del ring que da a la Tribuna Sur, ‘Undertaker’ elevó las manos a las alturas y las tinieblas cesaron, se hizo la luz.

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‘Undertaker’ hizo equipo con ‘Jeff’ Hardy para enfrentarse al campeón de peso pesado del mundo, ‘Edge’ que junto a ‘Umaga’ mostraron una lucha de gran calidad. No obstante, el espectáculo decepcionó a los fanáticos que esperaban ver a ‘Jeff’ enfrentarse a ‘Apocalipsis’ y a ‘Undertaker’ en el evento estelar de la noche.

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Por segunda vez en Lima, la última lucha fue por el título de la WWE, ostentado por ‘Triple H’. Su rival de turno fue  ‘Big Show’, un gigante que tiene tanto peso como tamaño. Ambos hicieron una lucha regular, pues los fanáticos habían ido con la ilusión de ver la pelea extrema que tanto anunciaron por televisión. Al final, ‘Triple H’ retuvo su título y se paseó por las inmediaciones del ring saludando a la muchedumbre que se avalanzaba a empujones para darle la mano.

Si dicen que Lima es plaza fija para eventos de talla mundial, el show de la WWE de ayer lo confirmó. Si bien el estadio no se llenó en su totalidad, como en la primera visita de los luchadores gringos, se disfrutó de un show de mayor calidad dentro del cuadrilátero, pues Smackdown mezcla luchadores que tienen diversas escuelas (México, Canadá, Japón y Estados Unidos) y verlos unos contra otros en vivo es digno de ser reconocido.

Disfruten de un video con lo mejor del evento:


Cortesía de LaRazaWrestling

Por: Lorena Chauca
Olía a orina y a mierda, en las paredes habían pintas revolucionarias y dibujos de marihuana y al final de las escaleras a la derecha estaba el cuarto. Una mesa larga en el centro, paredes llenas de dibujos, estantes llenos de libros como ‘Jesús, el anarquista’, ‘El Capital’ de Carlos Marx y el infaltable Bacunin, una cortina que escondía un colchón y un espejo. Entonces entró Viruta, la pared humana. Llevaba ropa hecha de costales y parches con lemas que apoyaban la lucha social, la anarquía, la protesta y la auto-gestión. Podía haber tenido treinta años o quizás cien, llevaba un mohicano en la cabeza, ¿30? ¿40? piercings en el rostro y mil en las orejas sin contar los dos expansores infinitos.

Siempre Quilca (El anarquista, el cantante y el historiador)

Texto: Lorena Chauca

Foto:  Blog de Rodolfo Ybarra

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“Sobre estas calles donde el amor es una palabra que no se ve
por ningún lado
descubrí un estado de ánimo tan bello
como una flor amarilla en la noche: Anarquía”

Anarquía. Carlos Oliva

Olía a orina y a mierda, en las paredes habían pintas revolucionarias y dibujos de marihuana y al final de las escaleras a la derecha estaba el cuarto. Una mesa larga en el centro, paredes llenas de dibujos, estantes llenos de libros como ‘Jesús, el anarquista’, ‘El Capital’ de Carlos Marx  y el infaltable Bacunin, una cortina que escondía un colchón  y un espejo. Entonces entró Viruta, la pared humana. Llevaba ropa hecha de costales y parches con lemas que apoyaban la lucha social, la anarquía, la protesta y la auto-gestión. Podía haber tenido treinta años o quizás cien, llevaba un mohicano en la cabeza, ¿30? ¿40? piercings en el rostro y mil en las orejas sin contar los dos expansores infinitos.

Comenzó a decir que era anti-sistema, anti-gobierno, anti-taurino, anti-industria, anti-todo. El dinero no servía, él creía en el trueque. Las marcas eran una tontería y por eso hacía su propia ropa. Dijo ser vegano: ni vegetariano ni carnívoro. Vivía en Quilca desde siempre. Contó que llegó y se quedó, que canta en el grupo Generación Perdida, que no es un simple fumón como todos creen, que fumar yerba no es malo y emborracharse tampoco, que no es arisco pero que no le tomen fotos porque no quería problemas y, finalmente, que era anarcopunk y vivía fuera del sistema. Luego entregó unos volantes que invitaban a reuniones anarquistas y conversatorios y era obvio que había llegado la hora de la despedida. Estiró el brazo, dio la media vuelta y se fue. No vio a los dos chibolos que murmuraban detrás de él: “Puta, alucina que puedo ver todo a través de su oreja”.

“Good things come to those who wait
And I’ve waited a long time
You see I’m a blues man but a good man, understand”

B.B. King

Parece cubano y aunque ha cantado salsa y merengue durante la mayor parte de su vida, muere por el blues y el jazz. Por eso creó una tienda donde vende los discos de su propia colección. Ray Charles, Miles, Davis, él lo tiene todo y si no lo tiene, lo consigue.

Más que una tienda, tiene un santuario, donde el piso es de arena y los estantes con dibujos abstractos son obras de arte.

-También pinto -dice como quien no quiere la cosa.

Carlos Sosa Pajuelo tiene dos años y medio como vendedor pero  muchos como visitante de Quilca.

-Es tradición -señala mientras, incómodo seguramente, hace una bolita con el papel que lleva en sus manos.

Lo de la venta es otro tema porque el jazz no está de moda y el blues tampoco. Sus compradores tienen que ser conocedores y de esos hay pocos en Lima. A veces vende y a veces no y no le molesta porque no es vendedor, él es músico desde siempre. Y de pronto le brillan los ojos porque tiene este proyecto que no te lo vas a creer: va a sacar un disco con un amigo en donde fusiona toda la música que le gusta. Ya está a punto de entrar al estudio y es su sueño de toda la vida, cantar lo que le gusta porque un tiempo intentó con la trova pero no va con él. Y bueno, sólo queda esperar, creer, soñar…

“La moneda fue lanzada y dio vueltas tantas veces…”

Leuzemia

CARA. Dos pájaros de formas geométricas. Número 10. La palabra Céntimos. SELLO. Banco Central de Reserva del Perú. 2001. Escudo del Perú con vicuña, árbol de la quina y cornucopia. Guillermo Tinajeros mira su vuelto de manera distinta.

Desde los años ochenta descubrió que pedir dinero por dinero tenía lógica y comenzó a hacerlo. Rompió su tonel de madera y comenzó a seleccionar las monedas que le traerían dinero; lo que había empezado como un hobbie aparecía ahora como un negocio. Empezó vendiendo sentado en la calle a “señores de saco y corbata”, oficinistas que también gustaban del hobbie de coleccionar monedas -numismática, le dicen- hasta que el terrorismo alejó a todos. Sus viejos clientes desaparecieron para dar paso a jóvenes de pelos extraños.

-Vino gente de mal vivir -cuenta- pero al final la gente llega. Y veinte años después su negocio aún existe aunque ya no en la calle sino en una pequeña galería donde también hay libros y juguetes antiguos.

El suyo es un oficio de pocos, de raros; aunque él se defiende y dice que las monedas son muy valiosas, que a través de ellas se puede contar la historia. Como la que cuenta cómo nos saquearon los chilenos luego de la guerra con Chile; es una moneda de cobre  que para ese entonces fue un cambio drástico para la sociedad pues estaba acostumbrada a las monedas de plata.

‘Perú Libre’ reza otra moneda y corresponde al año 1821 luego de que se alcanzara la ansiada independencia. Es una moneda para recordar que un día este país tuvo un sueño y  no era el del mundial.

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“…a esa hora y con la casa tomada”

Casa Tomada. Julio Cortázar

Un porro fumado en grupo, un edificio tomado, El Averno repleto de poesía, el graffiti anarquista es Quilca. Los libros son Quilca, el maleante vendiendo droga en la esquina es Quilca, los chibolos tatuados que habitan las antiguas oficinas ochenteras son Quilca.

Quilca, la calle tomada, la invadida. Cada loco, viejo, travesti que llegó agarró una parte de la calle y se quedó. El anarquista, el cantante de jazz y el historiador también se quedaron  ¿Para siempre? Sí, para siempre o hasta que el sueño se acabe.

Por Carlos García
Los apristas recuerdan cada 20 de febrero un …

Video: celebración del día de la Fraternidad

Por Carlos García
Los apristas recuerdan cada 20 de febrero un año más del nacimiento de ‘el compañero jefe’, Victor Raúl Haya de la Torre, reuniéndose para celebrar lo que ellos llaman ‘día de la fraternidad’. La avenida Alfonso Ugarte deja ese nombre para ser llamada ‘la avenida de los pañuelos blancos’ para recibir a las delegaciones de todas partes del Perú que abrazan la estrella del APRA.

Para el Ajá, Gustavo Sierra Ortiz es un cacaseno que significa según la RAE “hombre despreciable y necio”. Si el nombre no te suena familiar, la siguiente palabra lo traerá a tu memoria: Kete. Sí, hablo del alcalde surquillano que se presentó en el Congreso con ketes ‘dizque’ de orégano para promover la venta controlada de drogas. Sierra Ortiz cree que si el Estado empadronara a los adictos y les brindara pequeñas dosis de estupefacientes no sólo se estará reformando al fármaco-dependiente sino que además se lograría dar un golpe fuerte al narcotráfico.

El cacaseno y la yerba

Opina: Lorena Chauca
Creación gráfica: Sofía Pichihua (imágenes: Noticia Local, Adn, Daniel Casado)

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Para el Ajá, Gustavo Sierra Ortiz es un cacaseno que significa según la RAE “hombre despreciable y necio”. Si el nombre no te suena familiar, la siguiente palabra lo traerá a tu memoria: Kete. Sí, hablo del alcalde surquillano que se presentó en el Congreso con ketes ‘dizque’ de orégano para promover la venta controlada de drogas. Sierra Ortiz cree que si el Estado empadronara a los adictos y les brindara pequeñas dosis de estupefacientes no sólo se estará reformando al fármaco-dependiente sino que además se lograría dar un golpe fuerte al narcotráfico.

Cacaseno o no, Sierra Ortiz ha puesto sobre el tapete un tema de amplio debate. ¿Legalizar o no? ¿Consumir o no? Lo primero que aducen muchos defensores del consumo y de la legalización de esta planta es que es menos nociva que el tabaco y el alcohol. Sin embargo la revista británica de medicina Thorax publicó en el año 2007 un estudio que demuestra que consumir un porro de marihuana es cinco veces más dañino que uno de tabaco. La investigación se realizó en el Instituto de Investigación Médica de Nueva Zelanda dividiendo a voluntarios en cuatro grupos: consumidores sólo de tabaco, sólo de marihuana, consumidores de tabaco y marihuana y personas que no fuman. Lo sorprendente de este estudio es que se incluyó a personas que habían consumido marihuana en muy pocas oportunidades y aún así sus pulmones estaban más afectados que los fumadores de tabaco. Sin embargo, no se encontraron casos de enfisema pulmonar en quienes fuman marihuana a diferencia de los que consumen tabaco.

Otro argumento a favor de la legalización es que evitará el narcotráfico y ya en algunos países se ha optado por esta medida. En Holanda por ejemplo existen conocidas tiendas en las que se puede fumar marihuana y hachís como la popular ‘Green House’. De acuerdo al portal de la BBC esta situación ha traído turismo indeseado a las ciudades holandesas, los ciudadanos se quejan de la presencia de delincuentes y drogadictos que ocasionan destrozos y traen abajo el bienestar de su sociedad. Los congresistas que promovieron la legalización ahora deben buscar soluciones para los reclamos de la ciudadanía y hasta el momento la mejor propuesta es trasladar los cafés de marihuana a los puntos más alejados del país.

A la cannabis además se le ha adjudicado propiedades medicinales ya que alivia el dolor de manera más natural que la morfina. Éste es un punto a favor de la planta pues se utiliza en algunos hospitales para aminorar los síntomas del cáncer, pero si seguimos los resultados expuestos por la revista Tórax habría que preguntarse si a la larga el consumo de esta droga no afectaría al desarrollo del cáncer hasta los pulmones.

En cuanto a utilizarla moderadamente para reformar al drogadicto sólo puedo mencionar aquella escena de Trainspotting en la que Mark Renton recibe su dosis de metadona y luego busca algo más fuerte porque el primer vuelo se le hace muy corto.

Pero volviendo al cacaseno -el causante de todo este debate-, es justo que también se den muestras de su ‘cacasenería’. El 23 de octubre del 2006, Gustavo Sierra causó un apagón que dejó a oscuras a gran parte de la ciudad. Sierra estaba celebrando su cumpleaños feliz y se le ocurrió la gran idea de  contratar un globo aerostático. El globo chocó con cables de alta tensión y todos nos sumimos en una oscuridad verdaderamente cojuda. Por la estupidez del alcalde RPP perdió su señal y medio millón de habitantes tuvo que enfrentarse a la inexplicable oscuridad. Los que no estaban en sus casas fueron víctimas de asaltos y quienes manejaban se encontraron con semáforos apagados.  Y, a pesar de las advertencias de los blogs Desde el tercer piso y Útero de marita, Sierra Ortiz fue reelegido por los surquillanos.

No quiero dármelas de santurrona y decirte que la droga mata y que sí crea adicción, allá tú, vuela si quieres pero sí te pido que pienses en esto: ¿Por qué será que mientras el Chapulín pedía que le sigan los buenos, los peruanos siempre decimos ‘Síganme los cacasenos’?

El afiche promocional de la película ‘The Wrestler’ nos invita a “presenciar la resurrección de Mickey Rourke en el profundo film de Darren Aronofsky”. Nada más cierto que esta frase. Interpretar a un luchador en decadencia le ha valido al actor ganar el Globo de Oro y el premio BAFTA (de la academia inglesa de cine); además de una nominación, la primera de Rourke, al Oscar.

La lucha de Rourke

Texto: Carlos García

Foto: Notasdecine.esFoxsearchlight.com

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El afiche promocional de la película ‘The Wrestler’ nos invita a “presenciar la resurrección de Mickey Rourke en el profundo film de Darren Aronofsky”. Nada más cierto que esta frase. Interpretar a un luchador en decadencia le ha valido al actor ganar el Globo de Oro y el premio BAFTA (de la academia inglesa de cine); además de una nominación, la primera de Rourke, al Oscar.

Pero el primer amor de Rourke no fue el séptimo arte. Mickey se dedicó al boxeo desde los doce años y llegó a entrenar en el gimnasio donde más tarde aparecería una leyenda del boxeo mundial: Muhammed Alí. Tuvo una racha de 20 victorias y sólo siete derrotas, las cuales terminaron luego de su lucha contra el futuro campeón de peso welter Luis Manuel Rodríguez. Los doctores detectaron una lesión que comprometía regiones cerebrales: Mickey debía dejar los rings.

Fuera del cuadrilátero Rourke no era nadie. Fueron esas casualidades de la vida que lo llevaron a ser actor, pues empezó trabajando en un rol que le dio un amigo en Miami. Luego se olvidó del boxeo y se mudó a New York para buscar un nuevo porvenir. Su debut en Hollywood fue un pequeño papel en el film ‘1941’ (1979) de Steven Spielberg. El resto de la historia, en palabras de Alberto Servat tiene: “un puñado de películas inclasificables lo convirtieron en estrella de culto: ‘Body Heat’ (1981), ‘Diner’ (1982) y ‘Rumble Fish’ (1983).”

¿Recuerdan el striptease de Kim Basinger? Mickey Rourke fue el afortunado galán de esta rubia sexy en la película ‘Nueve semanas y media’ (1986), la misma que hizo famosa la canción ‘You can leave your hat on’ y la famosa escena del striptease en sombras. Después de este film, Rourke comenzó a ser considerado un sex symbol por las féminas que suspiraban a las salidas de los cines.

El siguiente trabajo reconocido de Mickey fue la película ‘Barfly’ (1987) en la que da vida al escritor alcohólico Henry Chinaski. La cinta fue una especie de biografía del reconocido escritor Charles Bukowski. Luego, Mickey simplemente empezó a rechazar roles importantes y si aceptaba algún papel era criticado duramente por los directores con los que trabajaba por su mala actitud durante los rodajes.

Rompiendo todos los pronósticos, volvió a los cuadriláteros bajo el nombre de ‘El Marielito’ obteniendo una racha de seis triunfos y dos empates, pero nuevamente tuvo que tirar la toalla debido a la reaparición de problemas neurológicos causados por el boxeo.

Retomando su carrera de actor, a Rourke lo recuerdo en una película con Jean Claude Van Damme, convertido en una estrella de acción en ‘Double Team’ (1997). Para los que la han visto en las tantas repeticiones que ha tenido en televisión local debo decir que me parece genial la escena en la que Rourke y Van Damme se enfrentan en un coliseo lleno de minas escondidas mientras un tigre está al acecho.

El ex ‘Marielito’ fue perdiendo prestigio y sólo era llamado para roles secundarios. Participó en cintas de su amigo Robert Rodríguez. Primero fue el socio de un narco que no se despegaba de su mascota en ‘Once a time upon Mexico’ (2003) y luego fue el arma letal ‘Marv’ en la adaptación de la novela gráfica de Frank Miller ‘Sin City’ (2005). ‘Mary’ le mereció el reconocimiento del creador de la historia pues según él, Mickey encarnó el verdadero espíritu del personaje.

Ahora, Rourke regresa en la piel de un luchador abatido por el tiempo y la vida fuera del cuadrilátero. ‘The Wrestler’ (2008) ha ganado el premio del Festival de Cine de Venecia y gracias al ‘ingenio’ peruano podremos ver a Rourke resurgiendo de las cenizas en DVD.

the-wrestler-posterEl personaje de la película es Randy ‘The Ram’ Robinson, un tipo que ya no es el joven que hacía mil y un piruetas dentro de un ring, es más, ya no debería estar dentro de uno. Para el papel, Mickey tomó lecciones de lucha profesional de grandes figuras y de jóvenes talentos de empresas independientes. No fue fácil. El entrenamiento le enseñó a su cuerpo a soportar todo tipo de caídas, caídas que te enseñan a saber levantarte una y otra vez.

‘The Ram’ vive de recuerdos. Viejas hazañas, títulos ganados, videojuegos en ‘Atari’ donde recuerda sus días de gloria y encuentros con fanáticos que lo vieron luchar muchos años atrás. Mickey encaja en la piel de ‘The Ram’ pues sabe lo que es tener que abandonar una pasión y sentirse golpeado por la vida. Al final, tanto Mickey como ‘The Ram’, luchan por seguir adelante haciendo lo que mejor saben hacer: pelear. Fuera de ese mundo no son nadie.

TRAILER DE LA PELÍCULA

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“Entre las de piedras y las de arena, prefiero las primeras porque son más limpias, hay menos gente y el sonido del mar es mucho más relajante.”
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“No me gustan las playas de piedras porque cuando te sientas te duele el culo y odio las playas de arena porque los cangrejos te pellizcan las nalgas.”

La Playa

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Creación fotográfica: Sofía Pichihua (imágenes Weekly Reader, Wallpapers Free)

Sube

De arena, de piedras, al norte o al sur, las encuentras de diferentes formas y a lo largo de todo el litoral. Como sea, llegado el verano las playas comienzan a llenarse de personas buscando sol y un buen bronceado.

Puede ser pose, pero lo bueno del verano es que puedes salir de tu casa con la frescura de no estar gorda sino ’sobrecuidada’, ponerte bronceador,  tirarte como morsa un par de horas y estar ahí hasta estar dos tonos más oscura. Conforme pasa el tiempo el color se hace más notorio, las primeras veces vas blanca como yuca,  y te nace el tic de mover las tiritas de la parte de arriba de la ropa de baño para ver la diferencia, hasta que ves que estás más negra que Beyonce.

Lo bueno de nuestro verano es que no es tan caluroso y pegajoso como otros, donde una sombrita te hace bien y un helado o  una gaseosa –okey cerveza- al polo te alivia como si la hubiesen mandado del cielo. Es rico también porque puedes disfrutar de una fresca lluvia veraniega, pararte afuera y mojarte a tu gusto sin temer una próxima neumonía.

Entre las de piedras y las de arena, prefiero las primeras porque son más limpias, hay menos gente y el sonido del mar es mucho más relajante. Las de arena tampoco están mal, son más suavecitas,  te permiten enterrar a tus amigos, hacer  castillos o huequitos para buscar muimuyes.

Puede que no sepas nadar, quizás no avances ni diez pasos más allá de la orilla, pero siempre te puedes meter con alguien y aprovechar la línea de ‘no se nadar’ o en caso contrario,  dártelas de  salvavidas de Baywatch. Puedes ser más atrevido y subirte a una tabla o aferrarte a ella para flotar. Recuerda: si te caes, no te preocupes, siempre hay alguien que hará algo peor o alguno que salga del mar sin ropa de baño.

Amo las juergas playeras porque puedes tonear en la arena, con el sol o la luna sobre tu cabeza, con tu grupo de gente,  conocer a otros u otras con un ‘¿habla, bailas?’.Porque son las únicas juergas en las que no importa que estés con short y sandalias, porque el día siguiente puedes ir a pasar la resaca en la arena y comer tu ceviche en el mercado y ser feliz.

Me gusta también por las personas que nunca faltan: los niños con sus baldes y herramientas de todos los tamaños y colores, los gorditos que no se quieren quitar el polo, los heladeros que te ofrecen marcas totalmente desconocidas, los raspadilleros y los ambulantes. Sin ellos la playa no sería la misma.

He aprendido a disfrutar el verano,  de lo bueno de estar negra,  del olor a bronceador, del sonido del mar, de los tonos de verano, porque lo que pasa en la playa se queda en la playa. Y como diría la canción  de cierto feo: Pero en el fondo todos regresan a sus casas muy agradecidos, pues todos son iguales bajo el sol.

Baja

No soporto las playas en verano. Llámenme aburrido, aguafiestas o panzón envidioso si quieren. Igual no me gusta la arena pegajosa, el sol asfixiante, las sombrillas de colores, el arroz con pollo en olla, la sopa en bolsa, Tongo nadando en calzoncillo, los niños salpicando agua, las  chicas guapas siempre acompañadas, las tías fofas casi siempre en bikini y los perros que nadan mejor que la mayoría de bañistas.

Odio el verano limeño porque no puedes caminar dos cuadras sin sudar como chicharrón. Lima se convierte en un horno de cemento gigante y los habitantes somos una especie de pachamanca que ni siquiera al buen Gastón Acurio se le hubiera ocurrido preparar.

No me gustan las playas de piedras porque cuando te sientas te duele el culo y odio las playas de arena porque los cangrejos te pellizcan las nalgas. Detesto las playas llenas porque no se puede caminar sin patear niños y no soporto las playas vacías porque en realidad nunca lo están: siempre hay alguien esperando que te alejes para cuadrarte y arrebatarte hasta la ropa de baño.

Lo peor de todo es que a pesar de vivir cerca de diez veranos seguidos en San Bartolo, jamás aprendí a manejar bien la tabla hawaiana. Recuerdo que caía una y otra vez humillado por las olas mientras Kalani –el perro surfista, quinto lugar en un certamen mundial para mascotas- corría de lo lindo, moviendo la cola y sacándome la lengua como queriendo decir: ‘Si estuviéramos en el parque, te orinaría por ganso’.

No puedo entender cómo muchos se emocionan con las fiestas playeras, si la música de verano es aterradora y asfixiantemente estúpida. Desde los italianos huachafos y pésimos bailarines de Righeira, quienes en 1983 nos torturaron con su “Vamos a la playa oh-oh-oh-oh-oh”; pasando por una aburrida canción de la Oreja de Van Gogh que prometía “escribir la canción más bonita del mundo”, que, por supuesto, no es ésa ni ninguna de las canciones de la Oreja de Van Gogh.

Mención aparte, por ser la peor, merece “El tema del verano”, popularizado en el 2007 por una empresa de telefonía móvil que gastó ingentes cantidades de dinero en terminar de arruinar nuestros ya demolidos tímpanos, como si las bocinas de los heladeros y los gritos de las gaviotas no fueran suficiente.

Sí, odio el verano. Y comparto alegremente lo que escribió Fritz Berger en su Manual para gozar el verano sin salir de la ciudad: “Resistiré hasta donde las fuerzas me acompañen el sumarme a la borreguil costumbre de migrar en penoso cortejo al sudoroso hacinamiento con probable vista al mar.” Pero no odio la playa de noche. Amo caminar  lento bajo la lluvia,  frente al apacible vaivén del reflejo de la luna en el mar, con una botella de un lado y buena compañía del otro. Amo las playas frías, vacías y oscuras. Habrá que esperar al invierno.

El niño Diego Armando no le quitaba los ojos al balón a pesar de verse rodeado por decenas de periodistas que pugnaban por arrancarle unas palabras al nuevo crack. Pero él la tenía clara. Se había dado un tiempo en el entrenamiento para responder. A su lado, el balón descansaba manso sobre el césped.

El hambre de gloria

Texto: Alonso Pahuacho

Foto: Fútbol Red

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El niño Diego Armando no le quitaba los ojos al balón a pesar de verse rodeado por decenas de periodistas que pugnaban por arrancarle unas palabras al nuevo crack. Pero él la tenía clara. Se había dado un tiempo en el entrenamiento para responder. A su lado, el balón descansaba manso sobre el césped.

- Diego, ¿cuál es tu sueño?

La mirada clavada en la cámara, la sonrisa pícara de un pibe de 10 años, la habilidad de un ídolo consumado.

- Mi sueño es jugar un mundial y salir campeón.

Desde pequeño, Maradona anhelaba la gloria. Su respuesta podría haber resultado un tanto cándida para un pobre chiquillo del barrio de Villa Fiorito pero no, todos se equivocaban. Lo que realmente sucedía era que el niño Diego Armando sentía esa necesidad de victoria, el imperativo categórico de salir a la cancha y ganar. Quería ser un grande y para ello no le bastaba esa habilidad mágica que había adquirido de nacimiento, sino que sabía, en su inconsciente, que para triunfar había que querer hacerlo. Y eso fue lo que hizo.

Aquel recuerdo de más de 30 años me vino a la mente después de ‘digerir’ en frío la penosa participación del Perú en el último Sudamericano Sub-20 que se realizó en Venezuela. Perú, una vez más, fue eliminado y ésta vez sí con más pena que gloria. Basta ya de falsas esperanzas, de decir que se tenía un buen equipo cuando todos sabemos que se debe jugar con ‘hombres’ y no con ‘nombres’, de sacar el pecho arguyendo que los recordados ‘jotitas’ fueron parte de un proceso, cuando en realidad se trató de una rareza que ocurre cada 30 ó 40 años. En el Perú, el fútbol de menores simplemente no existe.

El fracaso se podría explicar desde distintos puntos de vista, aquí se muestra sólo uno de ellos: el que refleja mi humilde opinión. Y es que para poder conseguir grandes resultados en lo ámbito deportivo, el futbolista debe estar convencido de que puede lograrlo y, más que ello, debe querer lograrlo. He ahí la gran interrogante… ¿de verdad quieren lograrlo? Parece ser que en la mente de los nuevos talentosos que aparecen en nuestro alicaído balompié sólo se dibujan dos pensamientos: salir al extranjero y ganar, pero ganar dinero. Sí, dinero para ir como loco a comprarse el último carro del año o ¿por qué no? una casita playera en San Bartolo.

Un gran ejemplo de ello lo refleja el mediatizado ex ‘jotita’ Reimond Manco. Pues bien, sí, ‘Rei’ mancó. No sé cuándo fue que se compró su BWM y se mandó a mudar de la lejano Lurín hasta tierras más ‘prósperas’. Pero no lo culpo, todo es parte del debido ‘proceso’ de convertirse en un crack de talla mundial. Sin embargo, en medio de toda esta metamorfosis, me llamó la atención su actitud de divo inocentón: pretendía hacerse pasar por lo que no es. Manco no pensaba en ganar con la selección, él vino a mostrarse y conseguir que los emisarios enviados por el PSV desde Holanda lo vieran y lo recomendarán a su DT, así conseguiría más oportunidades en el equipo que lo había relegado a la banca de suplentes. El chico tiene la mente en otro lado y nosotros, los que sí queremos que la selección gane, sufrimos.

El niño Diego Armando era feliz jugando al fútbol. Pero no veía al balón como una simple oportunidad de crecer, de conseguir algunos dólares y comprarse una casa o un auto. No digo que esté mal, simplemente se debe entender que ‘eso’ no es el fin que un deportista calificado debe perseguir, anhelar.

Parece ser que el hambre de gloria se ha terminado en nuestro país. Ya nadie piensa en ganar porque querer ganar, lo único que interesa es el premio y los ceros del cheque que viene a continuación.

La falta de mentalidad ganadora merma en nuestro inconsciente y nos arrastra hacia un abismo oscuro e incierto. Eso es lo que diferencia a un buen jugador (Manco) de un verdadero crack (Maradona), aún sabiendo que ambos son habilidosos y que tienen (o tuvieron) el talento como un don. Nunca como antes, la ‘cabeza’ se convirtió en un factor determinante al interior de un deporte dominado por las patadas y los regateos empedernidos. Roguemos porque en el Perú se use más.

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