Opina: Gerardo Cárdenas
Creación gráfica: Sofía Pichihua (imágenes: B Casas, Alan Perú)
El gobierno peruano ha rechazado la donación de Alemania para la creación de un Museo de la Memoria y su argumento fue, en palabras del ministro de Defensa, Ántero Flores-Aráoz, que hay cosas más importante en qué invertir ese dinero, porque “si las personas quieren ir al museo, pero no comen, van a morir de inanición”. ¿Qué tan importante es para los peruanos recordar uno de los momentos más difíciles de nuestra historia republicana?
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Recuerdo, M., cuando me contaste lo que pasó con tus abuelos en Santiago de Lucanamarca. La situación en abril del 83 era complicada y tu papá decidió ir a convencer a tus abuelos para que salieran de allí. Me dijiste que tu mamá no quería que fuera, era peligroso. Demoraron en decidir si iban o no, y fue demasiado tarde: 69 personas, entre ellas mujeres y niños, fueron asesinadas la mañana del 3 de abril del mismo año. Abimael Guzmán aceptó que la jefatura central de Sendero Luminoso (SL) había planeado la masacre y declaró que “lo principal es que les asestamos un golpe devastador, los detuvimos y entendieron que estaban tratando con un tipo diferente de luchadores populares”, tal como cita la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) en su Informe Final.
Recuerdo también un caso que leí en ese mismo documento. Luis Álvarez y Abel Malpartida eran estudiantes de la PUCP vinculados a Sendero Luminoso, detenidos el 26 de julio de 1989, luego de un supuesto enfrentamiento con la policía en el distrito de San Martín de Porres. Sus cuerpos fueron encontrados dos días después en el km. 51 de la Panamericana Sur, en San Bartolo. El arma: explosivo C-4, usado exclusivamente por la Policía y las FFAA. La DIRCOTE dijo que los jóvenes habían estado manipulando explosivos y que “su falta de pericia” había causado su muerte.
Recuerdo cuando los medios cubrieron las exhumaciones en Putis. En 1983 la ciudad de Huanta había sido tomada por SL y los pobladores se habían retirado a vivir en los cerros aledaños. “En noviembre de 1984 se instaló una base militar en Putis. Los militares invitaron a los comuneros a vivir nuevamente en Putis bajo su protección; les pidieron que cavaran una fosa, diciéndoles que era para construir una piscigranja y algunas casas; luego los mataron y enterraron allí”, cuenta Martín Tanaka en su blog.
Recuerdo que 24 años después se encontraron los restos, y lo primero que dijo el Comandante General del Ejército del momento fue: “Los excesos y violaciones de Derechos Humanos deben tratarse en el momento y la coyuntura en que se dieron. ¡Qué fácil es hablar ahora después de 20 años!”. Los expedientes del caso han sido quemados y las actas desaparecidas.
Si no reflexionamos sobre historias como la de los abuelos de M., Abel, Luis y Putis caeremos en un error tan grande como el que desató el conflicto interno: evitar la realidad. Así como no se prestó atención a los reclamos y necesidades de las poblaciones andinas hace décadas, ahora se trata de ningunear los excesos y crímenes cometidos como si ocultar la verdad fuese a convencernos de que nunca sucedió. Lo peor es que si dejamos de lado lo que sucedió, corremos el terrible riesgo de repetir equivocaciones pasadas.
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El Presidente ha declarado, sobre el museo, que deberían considerarse no sólo a los “que dicen que los juzgaron mal como terroristas, sino también a los campesinos que fueron victimados por los terroristas o en abusos terribles que hubo por parte de los gobiernos sin querer”. El presidente no recuerda –o no se quiere acordar, o no ha leído, o miente, que para fines prácticos es lo mismo- el Informe Final de la CVR donde se concluye, entre otras cosas, que “la población campesina fue la principal víctima de la violencia (…) El 79% vivía en zonas rurales y el 56% se ocupaba en actividades agropecuarias”.
Desde la redacción de Número Zero enviamos al Presidente y a sus Ministros un batido de Memorex para que jamás olviden que recordar la verdad es la única forma de no volver a vivir.
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Parece que nuestro querido tetón quiere monopolizar la memoria. Recordar lo que sucedió en nuestro país es tarea de todos, y no solo de aquellos que perdieron familiares en la lamentable guerra interna que tanto daño le hizo al Perú.
Alan sabe las cosas que pasaron en su gobierno, sus amigotes también. Y si quiere interpretar las cosas a su modo debería saber que no solo se quiere hacer un museo a los senderistas caidos, es un museo para todo aquel que sufrió a causa de una bala, de una bomba, y del abuso de poder.
¿El tetón ha visto la muestra fotográfica Yuyanapaq? ¿El tetón sabe que no solo murieron terroristas, entregados a un ideal errado, a manos de fuerzas del orden, sino que también murieron peruanos que le dijeron no al abuso y venciendo el miedo enfrentaron el terrorismo? ¿El tetón sabe que hay gente que no ha vivido un apagón o un coche bomba y que no se cree lo que le cuentan sus padres?
Cuando leí el informe final de la CVR comprendí que no habían ni buenos ni malos. Todos lucharon por un ideal, sea la patria o sea un nuevo orden; y si dejamos la tarea de juzgar los hechos a la historia habrá siempre una opinión parcial. Tampoco es cuestión de escojer un bando, lo que se debe hacer es fomentar conciencia en la sociedad de algo que no debe volverse a repetir.
Nada es peor que miembros de un mismo país enfrentados. Nada es peor que un estado que quiere evadir responsabilidades y safar cuerpo con excusas tontas. Si quieren darle la espalda a la sociedad, especialmente a los deudos, y mantener casi dos decadas simplemente como algo sin importancia que lo hagan de frente. La verdad os hará libres, escuche por ahí, y lamentablemente en nuestro país hay peruanos que se miran con recelo porque hay heridas que algunos no quieren cerrar.
Lamentable decisión la del Presidente de la Republica al negarse a aceptar la donación proveniente del gobierno alemán. Sobretodo tratándose de un país como el nuestro donde la memoria colectiva es muy frágil, y en donde hechos como el terrorismo, que marcaron nuestra historia, no deben volver a repetirse nunca más. Por otro lado, no dejan de sorprenderme las sarcásticas y poco articuladas declaraciones del Ministro de Defensa Àntero Florez Aràoz, al decir lo siguiente: “Si tengo personas que quieren ir al museo pero no comen, van a morir de inanición. Hay prioridades”.Aquí me parece que quiso referirse a que una de las prioridades que el país tiene es acabar con la pobreza que azota a un buen sector de la población, y que dicha prioridad debe estar por encima de la construcción del cuestionado museo. Pero si es justamente que la pobreza y la falta de alimentación son también consecuencias del terrorismo Sr. Florez Aràoz, por tal motivo me parece que el gobierno no debería rechazar aquella generosa ayuda, no olvidemos que los alemanes tienen experiencia en este tipo de casos referentes a crímenes que han empeñado a una nación, y es justamente mediante este museo que se busca no se vuelvan a repetir barbaries como las cometidas por grupos radicales como Sendero Luminoso. Por suerte, el gobierno alemán aún mantiene en pie la oferta de ayuda.
Otros peruanos más mesurados y con mejores intenciones como Mario Vargas Llosa y Fernando de Szyzlo, han iniciado una campaña para manifestarse en contra del gobierno por tomar semejante decisión, espero que como ellos, el pueblo peruano tome conciencia de la importancia que dicho museo tendría para nuestro país, y pueda salir airoso de esta peripecia.