Texto: Alonso Pahuacho
Foto: El porvenir
Su ausencia en la final del año pasado dejó estragos en la afición ibérica mas no en el resultado: España se coronó campeón sin Nadal en la cancha. Esta vez, el número uno del mundo dijo ‘presente’ para la eliminatoria contra Serbia y, literalmente, se robó el show. Ante su público, el Rafa demostró su valía y una vez más fue devastador: venció primero a la segunda raqueta serbia Tipsarevic tan solo perdiendo tres juegos (6-1, 6-0 y 6-2) y en el duelo clave –y más esperado- derrotó categóricamente a Novak Djokovic también en sets corridos. El júbilo y la alegría se desbordaron como el agua del Jordán en el estadio del Parque Temático Terra Mítica, escenario con aforo para 16 000 personas y construido especialmente para la ocasión.
El mal tiempo minó en la consciencia de los más escépticos. La jornada del viernes tuvo que ser postergada debido a los fuertes vientos que azotaron Benidorm, en la costa este de España, lugar designado por la Real Federación Española de Tenis para la serie de primera ronda correspondiente al Grupo Mundial de la Copa Davis –torneo en el cual España ya se ha coronado en tres ocasiones. Fue necesario postergar los partidos para el sábado, día en el que se jugaron 3 puntos pero que no terminaron de definir la serie.
El Rafa Nadal había dado claras muestras de estar en su mejor momento, ganando en enero pasado el Australian Open, primer Grand Slam del año. Ahora, en su casa, no se guardó nada y para deleite de los espectadores, mostró lo mejor de su repertorio. Una actuación casi perfecta –de mero trámite- ante Jankko Tipsarevic, serbio ubicado en el lugar 46 del ranking ATP le dio a España el segundo punto de la serie. Horas antes, David Ferrer le había ganado a Novak Djokovic un partido en el que el serbio partía como favorito. Nadal no se despeinó ni se molestó en jugar a segundo turno: tuvo más tiempo para relajarse con su PlayStation 3, esa máquina de la cual se ha confesado adicto.
La maratónica jornada sabatina terminó con los manotazos del ahogado: Serbia ganó en dobles y prolongó su agonía hasta el domingo. El 2-1 le dio esperanzas a los jugadores serbios pero, para su capitán Bogdan Obradovic, la suerte estaba echada: el punto definitivo estaría en manos de Nadal, prácticamente imbatible en polvo de ladrillo. Además, había puesto de manifiesto su pesimismo con una frase contundente: “no esperaba que Djokovic perdiera hoy”, en alusión al duelo donde Novak no pudo con Ferrer.
Los amantes del buen tenis le dieron gracias a todos los santos a los que se habían encomendado ya que tendrían la oportunidad de ver el duelo más esperado de la eliminatoria: Nadal contra Djokovic, el número uno frente al tres. Los abonos se habían agotado con varios meses de anticipación aguardando el choque de titanes, un partido que terminó antes de lo que muchos pensaron gracias a la efectividad del Rafa: 6-4, 6-4 y 6-1. Djokovic, cuyo hobbie es realizar imitaciones de sus compañeros del circuito, reconoció al final del encuentro la superioridad del español y de todo su equipo: “nunca es agradable perder pero España ha sido mejor, sobre todo en los individuales. Esperamos que en setiembre tengamos más suerte en el sorteo”, dijo refiriéndose a los partidos de repechaje que tendrán que sostener por la permanencia en el Grupo Mundial de la Davis.
España demostró su categoría y Nadal sus quilates. El campeón defensor, con el número uno del mundo entre sus filas, apunta a repetir el plato. También Argentina, EEUU y Rusia aparecen como aspirantes a la ensaladera. Sin embargo, todos están uno o dos escalones más abajo. España es Nadal y Nadal es España, con un plus semejante: es difícil jugarle de igual a igual a los ibéricos. Aún hay viento en la península, pero éste es de buen augurio: la copa está nuevamente cerca.
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