Escrito: Jun - 10 - 2009 @ : 11:47 pm | Sección:
Ficción |
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Composición gráfica:
Sofía Pichihua (imagen: XXXGuitar.com)
Por: Kenny Díaz
Recostado en su cama las preguntas aparecen incesantes. Ha cambiado, ¿en qué momento?, imposible definirlo. De lo único que está seguro es que María no llega a ser una Magdalena, ni una Teresa, ni una Rosa…María, ahora, es nada para él.
Con solo diez años, José conoció el dolor ocasionado por la muerte, ésta se presentó en un cáncer de mama que se extendió vertiginosamente por el pecho de doña Mercedes, su madre.
Su casa: ubicada en el Rímac, una casona verde, esas que aún perduran por la zona, con puertas y ventanas enormes, con techos muy altos, como para gigantes. Es la única en la cuadra con la peculiaridad de tener los años abultados. El panorama es divertido, casa “virreinal” acosada por la modernidad manifiesta en edificios polvorientos y caóticos. Los vecinos siempre lo instan a derribarla: esa vieja casa que trae mal aspecto. Pero José siguiendo lo que su mamá siempre le dijo, la casa verde será mía y de mis nietos, no cede a las ofertas ni a las peticiones.
Su cuarto: un espacio amplio con una variedad de objetos, libros, bicicleta, ropas sin ropero, no hay orden, él prefiere que sea así, las cosas donde quieren estar.
José sigue recostado en su cama, tiene una lata de cerveza en la mano, en su mesa de noche sólo hay un cenicero cebado de colillas de cigarros. Bebe observando el enorme póster que tiene pegado en su pared, siempre quiso tener un bigote bicolor como el de Charly García. Nuevamente entra en divagaciones internas.
…¿En qué momento todo empezó a cambiar?, el interés por los demás ya no es el mismo a mis amigos no les veo ya no me importa verles ya no me importa la universidad… …tiene otro sentido los seres humanos creamos carreras universitarias para entretenernos y hacer de nuestras vidas una estadía más interesante, para sentirnos importantes y darle un valor práctico al dinero… …helado de lúcuma me encantaría besar a Scarlett Johansen… Woody Allen se se la cachó definitivamente…
José extraña las conversaciones con su mamá, la incondicionalidad de su amor, sus palabras sabias, sus besos dulces y su protección. Termina la cerveza, se pone de pie, se mira en el espejo y su imagen le produce mariposas alborotadas en el estómago, finalmente empieza a llorar, como los primeros días después de la muerte de su mamá. Piensa, ahora, que nunca encontrará en otra persona ese calor acogedor y, en especial, esa protección. Pensó que María podía resolver el asunto, ahora concluye que nunca fue ni podrá ser así.
María es lo que José denomina una chica moderna o de la modernidad, corrompida por el espíritu de compras y por los aparatos novedosos, María en su vida nunca leyó un libro. Ella vive en Miraflores, frente al “café Z”, su casa es la más peculiar del mundo. A ojos comunes la casa no existe, pero con mucho rigor uno puede concluir que su casa es un sótano, al costado de un garaje, colinda con el Bowling. Su papá es el dueño de éste y su mamá tiene una tienda de ropas en el Óvalo Higuereta. María no va a la Universidad, se dedica a estudiar la moda, las nuevas tendencias, y a la confección de ropas. Ella vive sola, su casa es oscura y por las ventanas, que están en la parte alta de las paredes, no se ven nubes, ni cielo, ni el sol, sólo se ven pies apurados y llantas veloces. Su cuarto es enorme, ocuparía el lugar de la sala en una casa normal, pero como tiene demasiados roperos pues sus ropas son incontables, decidió trocar la sala por el cuarto, así, cuando le visitan lo primero que conocen es su cuarto. Es alta, de piel tersa y blanca, piernas largas, pies y manos delicados. Pero no es lo que José, precisamente, buscaba en una mujer, él podría estar con la chica más fea para el mundo, pero que tenga sensibilidad por las cosas que a él le interesaban.
Su relación monótona se sustenta en un amor de concepción contemporánea, un amor práctico que se basa en salidas a lugares comunes, de preferencia caros, en obsequios ostentosos todos los meses que no significan nada, en tener relaciones sexuales y decirse “te amo” al terminar, y despedirse automáticamente, y llamarse al celular sólo para decirse “buenas noches”. Sus conversaciones son chatas y no llegan a ningún lugar. Con todo ello, María le ama, ella visiona un futuro de colores a su lado, dada su seguridad, ella está dispuesta y decidida a casarse con él, ella es feliz viviendo como vive y está conforme con su relación, con ese amor.
José ha parado de llorar, sabe que ya no es el mismo, se siente librado de una carga negativa, sin preceptos sociales que le limiten, sin esas creencias que tras una larga meditación han quedado sin suelo. Mira su reloj y ya es hora de partir, las chicas lo esperan en el lugar de siempre, el “Submarino Amarillo”. Desde hace un par de semanas que ya no necesita la compañía de Pedro para ir a tal lugar, ni la de María para sentirse socialmente bien.
El “Submarino Amarillo”: es una casa antigua en el centro de Lima, mezcla de surrealismo y arte virreinal, en el Jr. Ica, una cuadra antes del Teatro Municipal. Basta con pasar por esa esquina para sentirse atraído por ese olor tan femenino entre incienso, perfume y fluidos. De cómo demonios visitó el lugar por primera vez, José recuerda que fue gracias a un amigo poeta, Pedro:
-Mujeres hermosas, danzando en un escenario luminoso, tragos exóticos que te hacen ver una realidad distinta, el “Submarino Amarillo” es un lugar común y a la vez extraordinario, puedes ver caras conocidas, saber cómo comportarte, pero a la vez llega un momento en que el espacio te absorbe y no puedes más que dejarte llevar por manos suaves que abren puertas y te quitan la ropa…
Fueron en micro, cruzaron el puente Santa Rosa, José observaba el Río Rímac, esas aguas turbias y se preguntaba ¿cómo en algún tiempo remoto estas mismas aguas pudieron ser ricas en camarones?, definitivamente todo tiende a cambiar con el tiempo.
Una vez en Tacna, bajaron en el Jr. Ica, el olor a turrón, a palo santo y a gente devota era inminente, llegaron al lugar indicado. Efectivamente, todo era como se lo había descrito Pedro, las chicas te jalaban y te guiaban a lugares oscuros, José no encontraba alguna que le guste o le llame la atención, Pedro ya se había perdido dentro de ese mar de piernas, de pronto tres chicas se le acercaron.
- Hola, te estamos observando desde hace rato, parece que te aburres, la verdad, nosotras también.
- Bueno, no tanto, pero en fin. ¿Cómo se llaman?
- Yo soy Magdalena.
- Yo soy Teresa.
- Y Yo Rosa.
- Mucho gusto, yo soy José.
Lo primero que Pedro le dijo, para evitarse posibles problemas, no des tu nombre, huevón, invéntate uno, pero a José eso le importó poco o nada. Las chicas le contaron que no podían estar inactivas, debían siempre estar hablando con los parroquianos pues los ojos del halcón están mirándolas siempre.
-¿De quién?
Le explicaron que el halcón es Lázaro, el “caficho”. Como estaban cansadas decidieron acercársele a él pues parecía no querer nada, así sólo conversarían y eso serviría para despistar al halcón. Le explicaron también el por qué del nombre del burdel, no es que el dueño sea fanático de los Beatles, es más, él no habla inglés, pero se enteró que a los universitarios con plata ese grupo les fascina, le serviría como anzuelo, decía, para capturar parroquianos que no hacen destrozos, se portan bien y dan buenas propinas. Tras una breve plática y dos jarras de cerveza, José decidió pedirles sus servicios, a las tres. Ellas dudaron, pero aceptaron. José se paró y sintió que seis manos le tocaban recorriendo su cuerpo como conociéndole, le guiaban al mejor cuarto que tenía por nombre “Harrison”. Atravesaron un cuarto amplio con tenue luz, era el cuarto donde las parejas podían tocarse mientras libaban. Llegaron al cuarto: José muy excitado empezó a besar y a desvestir cuidadosamente a cada una, les sacaba sus ropas diminutas y coloridas, tocaba con ímpetu sus pezones, les besaba con delicia pueril y amagaba morderles. Lamía sus piernas, les recorría con su lengua hasta llegar a sus nalgas, parecía multiplicarse pues gozaba con todas, las tres chicas –como nunca– se dejaron besar, en este negocio el beso está prohibido, te contamina. Terminó, se miraron y conversaron, llegó un momento en que tocaron la puerta, habían pasado tres horas, sin darse cuenta ya sabían muchas cosas, ellas de él y él de ellas…
José se enteró que Magdalena quería estudiar medicina y que un aborto significó su carrera universitaria truncada, sus papás le pagaron la operación y después se olvidaron de ella, vive sola. Teresa tiene enamorado, le quiere bastante y se divierte mucho inventándole pretextos para no verle de noche a partir de la seis. Y Rosa es la más interesante, lee mucho, le agrada la narrativa contemporánea y gusta del buen cine. Ellas se enteraron que José perdió a la mujer que más amaba en el mundo, su mamá, que tiene enamorada pero que no le ama, que sigue costumbres sociales pues se ve bien tener una linda enamorada y vestir con Benetton.
Las visitas al “Submarino Amarillo” se hicieron cada vez más frecuentes. ¿Por qué con tres mujeres?, se lo ha preguntado reiteradamente pero nunca da con la respuesta. En alguna de sus divagaciones internas pensó que cada una tiene cualidades distintas que se complementan y así hacen para él la figura que desea: Magdalena es la mayor de todas, tiene 39 años y el cabello de color negro y corto. Teresa tiene la palabra dulce, los gestos tiernos. Y Rosa es la más audaz, la más inteligente. ¿Acaso no son, las tres, una madre?, luego se sintió estúpido y tomó una cerveza, una más.
María, su novia, se cansó de él. Decidió dejarle. Le mando una carta en la cual le decía: “me harté de tu estúpido aislamiento”, se lo dijo por carta pues él no contestaba el teléfono.
José después de leer la carta, después de haber meditado tanto, más y más divagaciones, luego de haber visitado una vez más el “Submarino Amarillo”, prendió el estéreo, puso el volumen muy alto y llanamente se tendió en la cama.
Después de cinco años
José se animó a escribir todo lo vivido, sobre el giro que tomó su vida cuando descubrió que se podían hacer cosas que socialmente están condenadas: como visitar putas, disfrutar haciéndolo y concluir que tiene más de positivo que de negativo. Todo ello le llevó a cuestionarse muchos aspectos de su vida. Ahora ya no visita el “Submarino Amarillo” (SA), vale decir que desde la publicación de la novela tiene más parroquianos (en vista de ello, el dueño no dudo en agradecérselo personalmente). Magdalena sigue laborando en el SA y le sacaron una entrevista en El Comercio. Teresa se retiró e intenta dejar atrás su pasado, ha planteado un proceso judicial contra José por relatar cosas de su vida privada en la novela. Rosa se enamoró de José y al ver que no tenía posibilidades de entablar una relación formal con él, viajó a Estados Unidos y no pretende regresar.
Finalmente, y después de todo esto, sin miedo a ser tildado de homosexual o de enfermo mental con inclinaciones edípicas, José puede decir, ahora, abiertamente, tal vez con algunas lágrimas en los ojos: “extraño a mi mami”…