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Mons. Antúnez de Mayolo: Los sectores más olvidados agradecían el trabajo de la CVR

Texto: Carlos García
Imagen: Comisión de la Verdad y Reconciliación

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Los tiempos cambian. Los años pasan y se olvidan muchas historias. Sin embargo, algunas deben rescatarse. No sólo por la magnitud de los hechos narrados, sino por las enseñanzas que pueden sacarse de ellas. ¿Qué debemos recordar? Durante 20 años 69 mil peruanos perdieron la vida a manos de otros peruanos.

Monseñor José Antúnez de Mayolo es sacerdote salesiano. Ha sido obispo de Ayacucho y miembro durante dos años de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR). Antúnez de Mayolo trabajó en la obra pastoral de su congregación durante los años de violencia que vivió el país. En su memoria guarda vivencias y testimonios que a pesar de sus 83 años no puede borrar.

Fue en esta ciudad, ubicada a 2746 msnm, que el camarada Gonzalo inició su prédica. El Partido Comunista Sendero Luminoso tomaba el camino de las armas para iniciar una revolución del campo a la ciudad, al estilo Mao, pero en la sierra del Perú.

A José Antúnez le duele recordar lo sucedido, sin embargo, no le tiembla la voz al momento de señalar que los peruanos “nos hemos matado unos a otros por gusto”. Se podría hablar de dos bandos durante el conflicto, pero sería injusto dividirlos entre buenos y malos. Cada uno lucha por su ideal, ya sean los terroristas que creían en la revolución armada o los militares que debían preservar el orden y la seguridad de la nación.

No obstante, los más perjudicados fueron, sin duda, los sectores más olvidados del Perú. Aquellos a los que se les consideraba de segunda categoría, sin derechos. El Estado no los veía, por tanto, algunos se adhirieron a Sendero al ver que les proponían un cambio en el sistema establecido. Monseñor Antúnez insiste en que “no se escucha la voz del pueblo”.

La visión de un sacerdote sobre el conflicto es interesante. “Delante de Dios todos somos iguales. Eso les falló a los militares. La primera clase eran los gobernantes y se creía que el pueblo era la última clase”. La ausencia del Estado, remarca, hacía que en muchos casos los mismos pobladores no conocieran sus derechos.

Las palabras de Antúnez de Mayolo trascienden el tiempo para llegar a mis oídos. Desde ese ‘rincón de los muertos’ que es Ayacucho, trae ante mí los relatos de mujeres que perdieron a sus esposos a manos de los militares debido a falsas acusaciones de terrorismo. “A ellos se les podía reconocer por su uniforme, pero a los terroristas ¿cómo los reconocías?”, se pregunta.

Era tal la represión por parte de las fuerzas del orden, que los pobladores preferían en algunos casos ser sometidos por grupos senderistas. A estos últimos se les pagaban cupos a cambio de tranquilidad, en cambio las fuerzas del orden tenían la tarea de perseguir (y si era el caso) de eliminar a cualquier sospechoso de terrorismo.

En los ojos de Antúnez se pueden leer sus vivencias. Como representante de Cristo no dudaba en tenderle la mano a los terroristas que venían hacia él buscando un confesor. Lo dice la Biblia: “Hay que perdonar setenta veces siete”. También reconoce que su vida llegó a correr peligro al hablar sobre los abusos que se cometían durante sus sermones dominicales, ya sea por parte de los militares o de los senderistas.

Justamente las autoridades eclesiales de la iglesia de Ayacucho son cuestionadas por su desenvolvimiento durante la época de violencia que se vivió. Estar en la boca del lobo hizo que el miedo hiciera callar a muchos. En palabras del religioso: “Nos hemos callado, y lamentablemente los que tenían que denunciar los hechos no lo hicieron”. Es verdad, pues las autoridades máximas de la iglesia ayacuchana no oían la voz de su pueblo.

“Es muy difícil encontrar una verdad. Los políticos quieren tapar lo sucedido, como tienen el poder hacen lo posible para que muchas cosas no se sepan”. Monseñor señala que es conveniente que la labor de la CVR se difunda y se conozca. Reconoce también que el trabajo de dicha comisión llegó a lugares en donde los pobladores les agradecían por el interés que se les daba porque se escuchó a todo aquel que guardaba un testimonio sobre lo que sucedió en el Perú.

“Nosotros, como parte de nuestro trabajo, presentamos la idea de un Museo de la Memoria”, y al oír esto comenté con mi entrevistado la existencia de uno en Ayacucho a cargo de Anfasep. Ante esto mencionó que era pequeño para tamaña labor (la de preservar la memoria).“Los peruanos fácilmente olvidamos, eso que ha pasado, y que nosotros expusimos con tanta veracidad y con tanto trabajo, se está olvidando. Eso me da mucha pena. Pero es importante recordar”; culminó el salesiano.

Tocan la puerta y le indican a Monseñor que lo esperan. Vive retirado de la vida eclesiástica, pero aún guarda momentos que quisiera olvidar. No es muy grato tener fresco el recuerdo de un tipo encañonándote o las miles de historias de dolor recogidas por la CVR. Antes de retirarse el religioso se disculpa, pues considera que su edad hace que no tenga tan claros algunos detalles.

Antes de irse menciona que a pesar de haber pasado tanto tiempo nos seguimos matando entre peruanos. Dice también que los políticos desde Lima siguen desatendiendo al pueblo y que lo que más lamenta es pensar en el daño que los militares le hicieron al pueblo peruano. Con la serenidad de buen cristiano se despide y me deja pensando que todos, sin distinción alguna, somos hermanos.

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1 comentario en “Mons. Antúnez de Mayolo: Los sectores más olvidados agradecían el trabajo de la CVR”

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