Nadie duda que la violencia hay que condenarla, más aún cuando tiene trágicas consecuencias. Lo ocurrido con la joven Paola Vargas Ortiz, contadora de 25 años quien el pasado 24 de octubre encontró de la muerte a manos de unos malos hinchas de Universitario, debe servir como punto de reflexión para darse cuenta de que el peligro de las barras bravas está mucho más cerca de lo que se imaginan: uno puede subirse a una coaster y encontrar la muerte en el siguiente paradero.
Evidentemente, el cargamontón mediático durante la semana giró en torno a las investigaciones policiales para determinar a los asesinos de Paola. ¿En qué circunstancias ocurrió la agresión? ¿Quién la empujó? ¿Por qué dejaron subir a los barristas a una coaster exponiendo al peligro a los demás pasajeros?
Lo que hay que dejar en claro es que el hecho se produjo horas antes del inicio del partido, cuando los hinchas de la U se apresuraban a llegar al estadio Monumental. ¿Por qué, si eran supuestos ‘barras bravas’, no estaban haciendo la ‘caminata’ con el grueso de la Trinchera Norte como es la costumbre? Podría suponerse que los agresores no pertenecían a las facciones que controlan la cúpula de la Trinchera o que bien se retrasaron ese día y no les quedó más remedio que llegar al estadio en coaster.
Sin embargo, también es conocido que muchos grupos pequeños de barras –ya que todas las grandes barras como la Trinchera Norte, Comando Svr o Extremo Celeste están conformadas por facciones y micro grupos- no se juntan con el grueso de su grupo y prefieren ir por su cuenta al estadio, aprovechando la ocasión para realizar pintas en las paredes, ‘guerrear’ con alguna facción enemiga o simplemente robar por el camino. Esta última hipótesis es quizás la que más se aproxime al nefasto incidente con Paola Vargas.
Me ha causado mucho fastidio ver que bloggers, twitteros y hasta importantes periodistas del medio estigmaticen a los barristas y los metan a todos en el mismo saco. Incluso hasta el mismo presidente Alan García le ha pedido a la policía a usar perdigones para “controlar” a los barristas a quienes los llamó “vándalos, desadaptados y delincuentes”. Según el presidente, sería bueno que los barristas reciban un poco de su propia medicina.
Aunque alejado del estadio hace algunos meses, yo he sido barrista por mucho tiempo y conozco gran parte de su idiosincrasia. En el mundo de las barras no todo es violencia y salvajismo como lo quieren pintar los medios de comunicación. Existen buenos barristas; estudiantes que llegan al estadio con la mochila al hombro apenas terminan sus clases universitarias, profesionales que llegan en corbata y se la desamarran en medio de la tribuna para gritar a voz en cuello los goles de sus equipos, trabajadores honrados que muchas veces apoyan a los que no tienen para la entrada porque saben lo que es el verdadero amor por la camiseta, y así la lista podría continuar.
La iracunda reacción del presidente y la inmediata respuesta afirmativa de la Policía en acatar la orden no va a hacer otra cosa que causar más terror. Combatir violencia con violencia no hace otra cosa que generar más violencia. Es muy ingenuo de parte de las autoridades pensar que con perdigones van a poder controlar a las barras cuando los ánimos estén alterados, ¿acaso creen que ellos no van a reaccionar y se van a poner más violentos? Yo he estado allí, y puedo afirmar a que sí.
Opina: Alonso Pahuacho
Foto: Comansvr.com















