Jaime Cordero: Cubrir catástrofes, labor para periodistas de calidad

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Por Eunice Riva

Jaime Cordero, periodista editor del diario El Comercio y corresponsal del diario El País de España, relató su experiencia como enviado especial en el terremoto de Haití. Fue uno de los cuatro periodistas que, junto con Miguel Bellido (fotógrafo de El Comercio), decidieron quedarse más tiempo que otros en medio del desastre y así cubrirlo a profundidad.

“Al poco tiempo de enterarnos del terremoto en El Comercio no teníamos ni un corresponsal ni un colaborador, no existía nadie a quien preguntarle con exactitud lo que había pasado, ya que si las comunicaciones en Haití de por sí eran precarias, con el terremoto se terminaron de caer. Era un lugar olvidado, donde las grandes agencias periodísticas no solían tener fuentes con quienes consultar”, manifestó Cordero.

En ese contexto, la magnitud de la tragedia y el deber periodístico de hacer visible lo que nunca antes se había mostrado impulsaron la decisión de mandar corresponsales. Esto se dificultó por factores como el presupuesto (que cubre hospedaje, viáticos, tecnología, guía o traductor, movilidad, seguridad, etc.) y el acceso a las comunicaciones (sobre todo a Internet) en un lugar tan remoto para el envío del material periodístico y el inicial temor a lo desconocido.

Cordero señaló que es útil seguir tres parámetros para asegurarse de que todo marchará bien en la cobertura. Antes de viajar, considerar la logística: tener lo necesario para ir y desplazarse en condiciones seguras; al llegar al destino es necesario observar y conocer el contexto para tener en cuenta las reglas de convivencia; y finalmente realizar el análisis global, para discernir lo más importante de la experiencia y plasmarlo en el producto periodístico.

No obstante, hay cosas que son imposibles de prever mientras no se está en el lugar, como el acceso a Internet para el envío de las notas informativas y fotografías. En el momento en que Cordero y Bellido llegaron a Puerto Príncipe la cifra de muertos era de 100 mil, según la declaración oficial del primer ministro de Haití, Jean Max Bellerive; y -al menos- 1,500 cadáveres se encontraban dentro y fuera de la morgue del Hospital General de la ciudad.

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“Apenas llegamos, vimos cadáveres en medio de las pistas que fueron ignorados por la gente que se ocupaba de sus necesidades más inmediatas, como conseguir alimentos. En medio de ese panorama se recopiló bastante información e imágenes, pero no podíamos mandarlas todas. No contábamos con una conexión a Internet permanente, por lo cual debimos priorizar la información que mandaríamos apenas esta se restableciera lo suficiente”, declaró Cordero.

A pesar de ello,  afirma que el ‘periodista de raza’ es el que está preparado para soportar condiciones hostiles a favor de la noticia. “El periodismo se hace en el campo, donde ocurren los hechos. Un buen periodista debe tener voracidad por la información y buscarla, pero cuando la posee debe también preocuparse por presentarla de la mejor manera”, aseveró.

Según el corresponsal, en el transcurso de una catástrofe de gran magnitud suceden tres momentos: “el shock inicial, cuando la población se preocupa sólo de sus propios asuntos y nadie se percata demasiado de los periodistas, quienes tienen una mayor libertad para cubrir la noticia en todo su esplendor. El segundo momento llega cuando la labor de la mayoría de corresponsales de medios internacionales es vista por los pobladores como algo esperanzador y que sirve para pedir ayuda. Finalmente, el último momento es cuando los pobladores consideran que sus demandas no son debidamente escuchadas ni satisfechas, por lo que ven a los periodistas como enemigos y estos corren el riesgo de ser atacados o perseguidos”, explicó.

Todos estos factores externos del contexto, unidos con la forma en que funciona la empresa para la que se trabaja, inciden en la labor del periodista y en cómo llega la información a los lectores. Además el tratamiento de una misma noticia en distintos medios puede diferir dependiendo de cuál es el público al que se dirige, la susceptibilidad de éste y las necesidades que desea satisfacer.

Respecto a las fotografías tomadas en Puerto Príncipe, Cordero afirmó que El Comercio y El País (España) poseen políticas diferentes. “De una cantidad aproximada de 400 fotos -en su mayoría chocantes-  escogimos 10 que podían ser publicadas por El Comercio tomando en consideración sus normas. De éstas, el diario publicó 4 o 5 que ellos consideraron correctas. La mayoría de los lectores de este diario son personas adultas y conservadoras, por lo que las fotos publicadas debían guardar cánones más tradicionales que el periodista debe aprender a interiorizar. En El País se asume que el periodista es una persona con formación profesional, por lo cual en ese sentido se le permite mostrar imágenes más fuertes bajo su criterio”, aclaró.

Finalmente, el corresponsal comentó que en el periodismo se debe guardar un equilibrio entre el poder y el deber. “Para lograrlo, primero hay que saber manejar la teoría elemental, luego descubrir a través de la experiencia qué tratamiento darle a ciertos temas; y darte cuenta de cuáles son las coberturas que tú realizas con más eficiencia, para que a la hora de que ocurran este tipo de sucesos estés seguro de que lograrás cubrirlos adecuadamente”, concluyó el reconocido periodista.

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