De las cámaras de TV al ring de la batalla

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Foto: Carlos E. García Lazo

Opina: Alonso Pahuacho Portella

En los últimos años hemos sido testigos de una evolución galopante en lo que avances tecnológicos se refiere. La televisión no es la misma que hace treinta años. Los programas han cambiado y ni siquiera se parecen a los que alegraban las tardes a nuestro padre o abuelos. Y es que nos hemos visto inundados de tantos aparatos e informaciones que se ha vuelto difícil comprenderlo todo a cabalidad.

No obstante, hay algo que pasa desapercibido a los ojos de la mayoría de los televidentes. Con los cambios tecnológicos, también cambia la “forma” de hacer televisión. Una forma que no tiene que ver con la parte técnica de los programas televisivos, sino que está ligada al modo en el cual las figuras de los programas realizan o actúan frente a una cámara.

Muchos afirman que las peleas en vivo frente a las cámaras son “armadas” u orquestadas. En parte tienen razón, en parte no. Vemos que existe un afán inherente en la televisión peruana de “crear” enemigos, y parte de esa responsabilidad se la lleva la prensa. Pues que dos personajes conocidos de la televisión se lancen en una batalla de insultos e injurias, le cae como anillo al dedo al periódico que a la mañana siguiente ensayará titulares como “Bayly le corre a tía Laura”, “Bronca de patos: Bayly y Beto se enfrentan”, etc.

La realidad se ha encargado de demostrar que muchos de esos ataques no son más que vivezas por parte de los productores con el único fin de elevar la sintonía del programa. Y no sólo las peleas de personajes públicos son lugar común de la televisión: así como aflora el odio, también surge el amor. Un ejemplo que grafica esto último es el sonado romance entre los conductores del programa “Amor, amor, amor”: Sofía Franco y “Peluchín”.

Ciertamente, todos los personajes que se “desnudan “frente a cámaras saben el riesgo que corren. Pero para muchos de ellos ese costo es menor que el que van a recibir. Una recompensa reflejada en el rating y por ende, en más auspicios para el programa. Así, vemos golpes, insultos, mentadas de madre, bofetadas, jaladas de pelos, llantos, risas y hasta escupitajos en pleno programa.

Pero también hay peleas en las que los oponentes jamás llegan a tocarse. Son pleitos más que nada verbales y que se transmiten a través de la prensa. Si un día fulano dice A, al siguiente zutano le responde B y así sucesivamente. Una lluvia de insultos a través de las cámaras pero sin encontrarse cara a cara, como la última “pelea” entre Jaime Bayly y ‘Beto’ Ortiz.

¿Por qué ocurren estas peleas?, ¿Son fingidas o reales?, ¿Buscan el rating? Lo curioso del tema es que se le puede responder “sí” a todas estas interrogantes. Pues cada personaje de la televisión actúa de una determinada forma cuando se presenta frente a cámaras y puede tener objetivos diversos. Como afirma el sociólogo Erving Goffman, todos cumplen de cierta forma un rol distinto en una puesta en escena teatral, que vendría a ser la vida real. Sólo que ésta vez se trata de una vida reflejada a través del lente de una cámara de televisión.

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