Delirios de pretemporada

Foto: Marcos Reátegui, RPP.
Por: Liliana Michelena Rebatta.
El miércoles pasado, después de la Noche Crema, una bandera de Universitario de Deportes se agitaba por la ventana de un taxi en la Vía Expresa. El espectáculo fue bueno, no hubo apagones y el discurso de Mario Vargas Llosa enamoró a los hinchas. Pero el partido… ¿era para tanto? ¿Por qué se ilusionan así?
La inversión realizada por la directiva aún no comienza a pagar dividendos. Tampoco hay apuro en que así sea; apenas fue el primer partido. Un poco de desorganización, descoordinaciones defensivas, Fano y García sin terminar de explotar, nada catastrófico. Alva erró una buena cantidad de pases, pero eso ya no es noticia.
Pero vimos un poco de Vitti, algo más de Álvarez y todo el sacrificio de ‘Toñito’ Gonzáles. Y percibimos garra en este nuevo equipo, y la sentimos en la sangre. Con eso solo no se gana, y el once crema va a tener que convertirse en un equipo de verdad para hacerlo. Pero nos da confianza y nos hace creer que estamos para grandes cosas, aún si la posibilidad de una decepción está siempre latente.

Foto: RPP.
¿Por qué no ilusionarse? ¿Porque puedes caer de muy alto? ¡Y eso qué importa! ¿O acaso eso es lo que estás pensando en la mitad de un clásico? ¿No te ilusionan las contrataciones, pese al riesgo de traer un ‘paquete’ o a la crisis económica que se vendrá si fracasamos? Para ser hincha hay que amar y creer, y en eso estamos.
Por eso, el miércoles me junté con amigos a ver el partido, me arrodillé ante Gustavo Grondona, me emocioné con el discurso del Premio Nobel, canté unas barras, grité los goles (aunque solo uno haya sido válido). Y confieso que agité esa bandera por la ventana, y grité, convencida, que este año volveremos a ser campeones.
Solo espero no equivocarme esta vez.


