K.O. Deportes

El anuncio de que Kina Malpartida votaría por Keiko Fujimori en segunda vuelta conmocionó a parte del público peruano el último lunes. Cuando Kina aseguró su neutralidad, ya circulaban todo tipo de comentarios en las redes sociales. Pero, si hubiera sido el caso, ¿qué hay de malo en que un deportista ejerza su derecho ciudadano a elegir? Peores cosas salen de la mezcla entre política y deporte, como sucedió el sábado de la pelea por el título.

El 16 de abril debió ser una velada boxística inolvidable (¿cuántas veces se disputa un título mundial en Lima?), pero la intromisión de la política acabó corrompiendo el evento y removiendo emociones distintas de las que un público deportivo busca.

En la pelea inicial, Juan Zegarra noqueó a Raúl Enciso, que llevaba la foto y el símbolo de Ollanta Humala en el lado derecho del short. Luego, Carlos Zambrano ganó en dos rounds y celebró con un polo con la inscripción ‘Fuerza Kina’, con la ‘K’ de Fuerza 2011 (como en la foto). Maicelo decidió no recordarnos con su indumentaria que Humala es su opción desde la primera vuelta. Para cuando Kina subió al ring (sin señalar preferencia alguna), lo feo ya había pasado.

Antes de la defensa del título mundial, el presentador del cuadrilátero señaló que ella y Maicelo habían invitado a los candidatos que pasaron a la segunda vuelta, y que ambos estaban presentes en el público. “Aquí tenemos al candidato Ollanta Humala, de Gana Perú”. Nunca apareció en pantalla gigante, y qué cara puede haber puesto luego del abucheo general. Al contrario, Keiko fue ovacionada: “Vamos Keiko”, “Keiko corazón” y “Keiko presidente, Ollanta tu sirviente”, fueron algunos de los lemas que se oyeron.

El milagro del espectáculo deportivo es reunir a la gente en torno a valores como el trabajo, esfuerzo, disciplina, respeto y superación. Las diferencias desaparecen y todos conviven siquiera por unas horas, cautivados por la intensa emoción del juego y sus circunstancias. Juntos animan, sufren, disfrutan, ganan o pierden; siempre juntos.

Por eso, meter la política contamina el evento. No solo se trata de un mundo regido por valores opuestos a los deportivos; la intromisión genera malestar, revive la confusión y se aprovecha del fervor popular para darle motivos electorales. Lo peor de todo: quiebra la convivencia alrededor del espectáculo. Esa noche ni siquiera había bandos opuestos, como sucede en el fútbol. Los peruanos se congregaron para alentar a Kina, pero la coyuntura electoral llegó a la explanada del Monumental para dividir.

Muchas personas toman el deporte como un escape de la realidad, mejor aún si tu país tiene un campeón mundial. ¿No podían mantenerlos aislados por algunas horas? ¿Era necesario romper la unidad? Ojalá sea la última vez. De aquí en adelante, cada uno por su lado: que el deporte nos alegre y hermane, y que la política se encargue de desarmarnos por completo. Y viceversa, con suerte.

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