Búfalo herido

14 marzo, 2016 - 9 minutes read
(Foto: Atoq Ramón)

(Foto: Atoq Ramón)

Alan García es un poder en la sombra, venido a menos y debilitado políticamente. A pesar de eso, todavía puede patear el tablero democrático peruano.

Por Nicolás Bello
Barcelona.-

Conocí a Alan García el último domingo de su presidencia, en julio de 2011, una tarde en que supervisaba la reconstrucción del Colegio Emblemático Mercedes Cabello de Carbonera, en Lima. Vestía un traje azul oscuro, tan grande como su inmensa humanidad de metro noventa y dos de estatura. Un casco de ingeniero le cubría la cabeza.

Déjenme vanagloriarme con mi obra antes de empezar”, había dicho fuera de cámaras, como quien no quiere la cosa, poco antes de la rueda de prensa in situ a la que había invitado a los medios. Sonriente y con aires de superioridad, respondía a las preguntas de los periodistas, que con mano de seda le celebraban un gobierno de crecimiento económico de 6% anual. Por supuesto, nadie mencionó la matanza de Bagua, ni el caso Petroaudios. Hasta que llegó el momento de mi intervención.

La pregunta fue contundente: “Señor presidente, si bien el Perú crece a ritmo acelerado, ¿qué tiene usted que decir sobre los Petroaudios, la matanza en Bagua, el hecho que usted llame ‘ciudadanos de segunda clase’ a los indígenas? ¿Duerme usted tranquilo por las noches?”.

García “toreó” la pregunta: “¿Escándalos de corrupción? Lo dice un joven como usted, que trabaja en un canal que despide periodistas de manera escandalosa, y que en estos momentos tiene suficientes problemas como para que usted haga esa clase de preguntas”.

Hoy, García no se pavonea tanto. Por el contrario, está furioso. Rojo de ira y sin permitir que nadie lo toque, se mostraba caminando a paso acelerado entre la gente que le acompañaba en un acto de campaña en Huancayo el pasado fin de semana, donde fue recibido a huevazos por sus detractores.

Este no es el baño de popularidad al que está acostumbrado, ni el trato de la prensa que le gusta. Ha sido presidente en dos ocasiones; candidato, cinco. Ha sido uno de los políticos más astutos del país. Y ha caído en desgracia. Ahora Canal N lo muestra gritando a los periodistas para que dejaran de grabarlo y lanzando carajos y mentadas de madre a diestra y siniestra. Es un expresidente que ahora golpea con el puño a uno de los guardias de seguridad que lo acompañan, cuando éste se le acerca mucho.

García no es ajeno a estas situaciones. En la marcha por el día de la Fraternidad Aprista de 2004 le propinó una patada en el culo a Jesús Lora, un simpatizante que se había puesto frente a él, robándole la toma ante los medios. Años más tarde, en 2010, Richard Gálvez era una nueva víctima. El voluntario de la ONG Kúrame le habría gritado “Corrupto, hijo de puta” durante una visita no oficial al Hospital Rebagliati. El hecho fue cubierto en exclusiva por Número Zero.

No es necesario contarle a ningún peruano, en especial si es mayor de 35 años, la historia del primer gobierno de García. Todos la vivimos (algunos, como yo, en la niñez), todos la sufrimos por igual. Tampoco es fundamental recordar aquí la historia del APRA, de las luchas de Víctor Raúl Haya de la Torre, sus exilios y participación política en la creación de la Constitución de 1979. Pero sí es importante no olvidar que el APRA es un partido de larga data, con 93 años de historia, y el más antiguo que sobrevive en nuestra democracia contemporánea.

García fue Il Capo dei Capi de la política peruana. Ha sido acusado de traficar influencias en licitaciones del Estado y de otorgar indultos y gracias presidenciales para presos por narcotráfico al módico precio de 10.000 dólares. También de hacer negocios turbios con empresas brasileñas que hoy son investigadas en Lava Jato. Hay que recordar que, en muestra de agradecimiento por dejarles hacer obra pública en Perú, Odebrecht le regaló una estatua al mismísimo estilo del Cristo de Corcovado que corona la ciudad de Río de Janeiro, hecha, eso sí, de resina de poliéster.

Este era el hombre que habría soltado la frase “¡No seas cojudo, hombre! ¡La plata llega sola!” en una conversación con el escritor Jaime Bayly, cuando este último le pidió consejo —en parte en broma, en parte en serio— sobre cómo financiarse para ser presidente del Perú. Él, por supuesto, lo niega.

Hoy es un poder en la sombra, venido a menos y debilitado políticamente. A pesar de eso, aún guarda cartas bajo la manga. Los jueces y magistrados en el Jurado Nacional de Elecciones —algunos de ellos muy cercanos al APRA—, siguen moviendo los hilos del sistema electoral, que hoy se encuentra nuevamente en peligro.

Cuando el candidato Julio Guzmán empezó a crecer en las encuestas, un escalofrío empezó a recorrer en el partido aprista. ¿Cómo detener la oleada que, con 17% de intención de voto, se ponía en el segundo lugar y amenazaba a Keiko Fujimori, la hija del dictador en prisión, y a todo el establishment político y económico establecido desde hacía 25 años?

Había que bajárselo con lo que fuera: un malabarismo legal, una sentencia del JNE y varias tachas al partido -al menos cuatro de ellas fueron presentadas por pepecistas, miembros de la Alianza APRA-PPC- fueron suficientes. 

Porque si Alan García no pasa del 5% de intención de voto, va a significar el fin de su partido. Y si lo pierde, no va a permitir que ningún peruano decente tenga la oportunidad de llegar al poder.

El Alan búfalo, que hoy recibe huevos e insultos en sus actos de campaña y devuelve golpes de puño, es la cara más salvaje de ese político altivo de aquella tarde hace ya cinco años. Es una bestia herida que hoy hace todo lo posible por patear el tablero democrático peruano.

Pueden leer la versión extendida de esta columna en el blog personal del autor.

 

Tags: , , , , , , , , , ,