Cada vez que iniciaba la Copa Libertadores, los latidos de mi corazón se aceleraban y no precisamente de emoción. Cada vez que jugaba Alianza Lima, sabía que estaba más cerca de la agonía que de la dicha. Siempre fue así. Desde que me hice hincha de Alianza y empecé a ver fútbol, nunca vi un partido como el de ayer, en dónde se ganó no por ayuda del árbitro, la suerte de alguna jugada fortuita o de un ‘chiripazo’. Es raro decirlo, pero ayer Alianza ganó bien. Muy bien.
La larga historia de participaciones aliancistas en Copa Libertadores muestra más ocuros que claros. Ayer, frente al televisor, escuchaba que Alianza no pasa a segunda ronda de copa desde hace más de 30 años. Eso es mucho tiempo, más aún para un equipo ‘grande’ del Perú. Pero así había sido la historia, esquiva para los intereses victorianos.
Las imágenes que vienen a mi mente en cada inicio de copa para Alianza no son las más felices ni emotivas. Desde 1998 no se debutaba ganando y no sé desde cuándo se logra encajar 2 victorias al hilo en un certámen internacional. Ayer, este equipo de hombres quizo empezar a escribir una historia diferente. Borrar con grandes jugadas y colosales goles una novela llena de dolor y redes infladas en propia portería.
Han pasado años de muchas espinas y verguenzas para el hincha blanquiazul. Goleadas en contra, partidos desastrosos y participaciones realmente para el olvido como la de aquella del 2007, donde se quedó útimos sin sumar punto alguno.
Ayer nació una nueva ilusión. Aguirre se disfrazó del verdadero ‘zorro’ y nos regaló una actuación jamás antes vista. No sé si Alianza clasifique a la segunda ronda, pero lo que sí ha demostrado es que quiere cambiar. Que los equipos vengan con miedo a ‘Matute’ y no piensen que se llevarán los puntos en el bolsillo. Eso es lo que merece Alianza Lima por su historia, sus hinchas y sus jugadores. Gracias.
Opina: Alonso Pahuacho Portella
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Fotografía: dechalaca.com














Opina: Ronald Cotaquispe



