Escrito : 11 - Oct - 2009 @ : 10:47 pm | En:
Tema Zero |
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La noche cobra vida con el sonido encendedor de los timbales y los vientos ya anuncian con su fuerza el nacimiento de la magia. El bajo y la batería empiezan a trazar el sendero del goce, el enigmático sonido del vibráfono seduce los oídos. Las armonías que emanan del piano y los teclados recogen el velo expectante y el ritmo resonante de las tumbadoras parece marcar el acelerado paso de todos los corazones presentes.
La clave es conocida e inconfundible, es noche de Salsa, se respira Salsa y miles de almas se entregan emocionadas a su elegancia, bravura y sabor.
De pronto, enérgicas campanas anuncian la aparición de un ser distinto, de un genio: Rubén Blades ha salido al escenario, gritos, brindis y alabanzas recibe de un público peruano.
Rubén, aquel hombre que tomó la Salsa para cambiar su naturaleza y agregarle una visión intelectual y apasionada de responsabilidad política, de complejidad humana y de clamor social; está, una vez más, frente a nosotros, cantándonos un himno de idealismo: la historia del Monseñor Arnulfo Romero que impacta mentes y corazones. Suenan las campanas…
Habían pasado seis años desde la última vez que pisó suelo peruano para remecerlo con su música desde el Jockey Club y 25, de aquella presentación en la Feria del Hogar donde se dio cuenta, por primera vez, cuánto lo amaba el Perú. Era comprensible que, tras tantos años, el entusiasmo y la ansiedad de las más de 15 mil personas que se congregaron en la explanada del Monumental fueran más que palpables.
La noche del sábado era un reencuentro imperdible, Perú formaba parte de la gira “Todos Vuelven” que lo traía de regreso a los escenarios tras ser nombrado en el 2004 por el, entonces, reciente presidente electo panameño, Martín Torrijos, Ministro de Turismo.
Rubén decidió abandonar la música mientras cumpliese el rol de funcionario público en su querida Panamá. Es por eso que tras concluir los cinco años en el cargo toda Latinoamérica esperaba las señales de su regreso. La primera fue su inesperada colaboración con Calle 13 creando “La Perla”, genial muestra de que su talento estaba absolutamente vigente. La segunda, el lanzamiento de un nuevo álbum, “Cantares del Sub desarrollo”. A esas alturas todos los amantes de la Salsa sonreían sabiendo que la gira era cuestión de tiempo.
Y lo fue. El pasado mes de septiembre, Rubén eligió Puerto Rico para decirle a toda América –tal como lo escribió César Miró- que todos vuelven.
Pero la interpretación que brindó de aquel hermoso vals hecho inolvidable salsa tuvo un toque distinto, no sólo por ser interpretado en la tierra de su autor sino porque fue dedicado a Arturo Cavero’, a su memoria y legado.
“La muerte no existe cuando no existe el olvido”, señaló Rubén.
Nostálgico momento en nombre del ‘Zambo’. Todos vuelven por la ruta del recuerdo…
El carácter popular que históricamente tiene la Salsa lleva consigo verdaderas obras de arte y Blades es uno de los pocos que puede reclamar la autoría de muchas de ellas. Es el caso de “Maestra Vida”. Su ritmo y melodía escarapelan la piel, la veracidad y belleza de su letra produce escalofríos en el estómago y obliga a recobrar el aliento.
Para cuando la interpretó aquella la noche, el público ya estaba completamente extasiado. El genio nos hablaba del devenir de la existencia, de lo duro que puede ser el día a día, de la fatalidad del azar, de la sabiduría que te da la convivencia con el dolor, el amor, la tristeza, la soledad.
La noche se volvía inolvidable. Maestra vida, camara’a…
Más allá de las luces, de las imágenes y de todos esos efectos que suman espectacularidad al show, veíamos en el escenario a un hombre con un talento exorbitante que pese al título de leyenda que ya lleva en sus hombros se muestra natural, sencillo, directo, agudo para clarificarle las cosas a su público y pedirles reflexión, actitud. Evidencia una gran lucidez para ver la realidad, para reconocer el valor de la acción de cada uno en ese ansiado cambio que espera América Latina. Ese compromiso que transmite en sus canciones dejó entrever en pleno concierto que estaba decidido a retomar su carrera política pero esta vez, volviendo a postular a la presidencia de Panamá.
“Por ser artista uno no deja de ser humano, uno no deja de ser persona, uno no deja de ser responsable”, manifestó.
Y con esa convicción invocó la unión. Te estoy buscando, América…
La Salsa siguió su curso. Los compases de “Muévete” retumbaron la explanada, el público deleitó con la descarga de cada uno de los siete monstruos que conforman los “Seis del Solar”. Rubén acompañó el ritmo con las maracas y empezó a despedirse de su público. Aquel, de pie, coreó su nombre, bailó sin parar, y brindó por él.
Las tres horas de Salsa de la buena ya se han vuelto imborrables en cada uno de los privilegiados espectadores. Blades se va del escenario. Las palmas agradecidas no cesan.
Colabora: Carlos Franco Meza