Por: Ronald Cotaquispe
Conversando con una amiga que trabajó como anfitriona en ‘Una pulga en la oreja’, se me ocurrió preguntar qué tal les había ido con la obra, a lo que ella me respondió “excelente, un verdadero éxito”. Pero no satisfecho con la respuesta, decidí ser más inquisitivo y preguntar esta vez por los niveles de asistencia, a lo que contestó diciendo “muchos”. Y cuando exigí un dato más exacto o un mínimo criterio para haber llegado a esa conclusión, sólo se remitió a decirme “porque sí”.
A lo que quiero ir con esta anécdota es que el Teatro, como institución y disciplina académica, quizá no está tan desarrollado pese a que parece haber un ‘boom’ de este tipo de espectáculos en los últimos años, por una sencilla razón: hasta ahora nadie se ha tomado la molestia de medir ni la eficiencia ni la eficacia de las obras de teatro.
Eficiencia y eficacia son dos conceptos elaborados por Peter Ferdinand Drucker, que tienen que ver con la gestión de organizaciones, específicamente con el cumplimiento de las metas elegidas y la productividad (mayor producción con menos insumos). Para el caso de los espectáculos, la eficiencia y la eficacia podría remitirse a dos cosas: la asistencia del público y la recaudación generada.
Es cierto que la cantidad de obras de teatro en el Perú, y sobre todo en Lima, ha aumentado significativamente, pero asumir por ello que éstas tienen los niveles de asistencia y recaudación deseados, sin haber realizado el más mínimo cálculo de la venta de entradas, sería un error. Eso sería como suponer que la educación superior ha mejorado sólo porque la cantidad de universidades e institutos ha ido aumentando, cuando en realidad no es así.
El Instituto Nacional de Cultura (INC) no tiene ni una cifra aproximada. La oficina de Difusión y Promoción de dicha entidad apenas tiene una relación de los espectáculos que se realizan en el local del Museo de la Nación, y nada sobre la recaudación obtenida. Lo mismo sucede con el Ministerio de Educación, en la Dirección de Promoción Escolar, Cultura y Deporte (DIPECUD), cuya directora, la señora Carolina Varón, aseguró para Número Zero que tal información no existe.
Los datos referenciales no aportan más de lo que se podría obtener chequeando las agendas culturales de El Comercio o el catálogo de Teleticket. A esta incertidumbre también se suman algunas opiniones adversas de especialistas del medio, como el actor Carlos Gassols, quien después de ser homenajeado en el último Festival de Cine de Lima, afirmó que en el teatro peruano “la oferta es superior a la demanda”.
Tener mayor información sobre la venta de entradas es de suma importancia, teniendo en cuenta que existen entidades como la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático o la Universidad Católica, que otorgan títulos de educación superior en dicha materia. Esto podría ayudar a generar una mejor plana docente y hasta darle mayor valor económico a la profesión. El Segundo Estudio de Seguimiento de Egresados PUCP, elaborado por la Dirección Académica de Planeamiento y Evaluación (DAPE), revela que más de la mitad de alumnos de la especialidad de Artes Escénicas percibe menos de 500 dólares mensuales por su trabajo, mientras que casi el 70 por ciento desempeña trabajos ajenos al teatro.
El INC y el Ministerio de Trabajo deberían preocuparse por hacer estudios estadísticos del teatro peruano en vez de malgastar tiempo y recursos realizando obras de mediana envergadura.









