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Tan solo un par de años antes, la producción de libros en el Perú iba cuesta abajo, pero con la llegada de las nuevas editoriales independientes la situación se invirtió, marcando un nuevo “boom” literario, según Sophie Canal de la editorial Matalamanga.

En el año 2002, un análisis de la industria editorial en el Perú realizado por la Cámara Peruana del Libro reveló que ese sector pasaba por una grave situación, de la que se pensaba no habría mejora. El año anterior se había producido 6.61 millones de dólares en libros -un 28% menos de lo que se había alcanzado en 1997.

Mitos y verdades del mercado editorial

Texto y foto: Ronald Cotaquispe

Álvaro Lasso

Álvaro Lasso, editorial Estruendomudo

De un pasado infructuoso a un contexto ideal
Tan solo un par de años antes, la producción de libros en el Perú iba cuesta abajo, pero con la llegada de las nuevas editoriales independientes la situación se invirtió, marcando un nuevo “boom” literario, según Sophie Canal de la editorial Matalamanga.

En el año 2002, un análisis de la industria editorial en el Perú realizado por la Cámara Peruana del Libro reveló que ese sector pasaba por una grave situación, de la que se pensaba no habría mejora. El año anterior se había producido 6.61 millones de dólares en libros -un 28% menos de lo que se había alcanzado en 1997.

Hoy, sin embargo, todos parecen concertar en que el mercado editorial peruano vive una etapa prolífica De acuerdo a un estudio estadístico de la Cámara Peruana del Libro, en el 2006 se publicaron 5.234 ediciones nuevas, casi el doble que en el 2000, alcanzando 112 millones de dólares en ventas. Aunque no ha aparecido ningún estudio que ratifique la proyección que se hizo sobre el mercado editorial en el 2008, se habría llegado a los 150 millones de dólares, triplicando lo obtenido en el 2001 (49 millones).

Luis Felipe Gamarra, redactor de la sección Economía y Negocios de El Comercio, cree que el crecimiento de la economía del país sería el responsable de este cambio tan repentino. De igual forma, Renán Quispe Llanos, jefe del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), aseguró a La República que en los últimos años ha habido un crecimiento sostenido en el poder adquisitivo de los peruanos, lo cual se manifestaría en el incremento de la demanda interna y, en especial, del consumo privado, a un ritmo de 9% anual.

Pese a este nuevo panorama, aún nos queda mucho camino que recorrer. “Si bien nos hemos beneficiado de un crecimiento luego de un periodo de crisis, aún no estamos en los niveles que podríamos estar y que hemos estado en el pasado”, afirma Pierre Emile Vandoorne, vice-presidente de la Alianza Peruana de Editores (ALPE). En su opinión, el mercado editorial de los años setenta se caracterizaba por tener una distribución de libros más efectiva y amplia (tirajes de 3000 a 5000 libros).

La lectoría: ¿cada vez somos menos?
En el 2007, el Centro Regional para el Fomento de Libro en América Latina, el Caribe, España y Portugal (CERLALC) hizo una encuesta de opinión sobre el clima editorial empresarial, en la que participaron 114 empresas -entre editoriales, distribuidoras y librerías- de 18 países.

Al preguntarse por los principales problemas que afrontan las empresas editoriales en el Perú, las dos respuestas más frecuentes fueron la piratería y la poca demanda de libros. Este último punto es comúnmente asociado con los bajos niveles de lectoría.

Es común oír que cada vez leemos menos. En la encuesta “Hábitos de lectura y ciudadanía informada en la población peruana” del 2004, realizada a 19,968 personas por la Biblioteca Nacional del Perú (BNP), el 26% de los encuestados alfabetos manifestó no leer, mientras que el 74% restante aseguró leer un promedio de un libro al año. De este porcentaje, solo el 55,2% aseguró leer libros.

Sin embargo, hay opiniones divergentes. Álvaro Lasso de la editorial Estruendomudo considera que la realidad es otra. “La gente lee un montón. El problema es que la mayor cantidad de gente lee piratería. Si no fuera así, el mercado negro pirata no sería tan grande como es. La gente consume libros. Lo que pasa es que el circuito oficial no tiene la fuerza de distribución para llegar a Comas, a Los Olivos (o) el Centro”, dice.

Al parecer, la cuestión iría más por un tema de precios. El público, en especial el más pobre, prefiere recurrir a los puestos de venta como los que hay en las avenidas o jirones Quilca, Camaná o Amazonas, donde puede conseguir libros piratas con un precio hasta por un 50% menos de lo que cuestan en las librerías. Según el texto ‘La batalla de los editores’, publicado el 30 de septiembre del 2007, en Domingo, suplemento de La República, la piratería editorial estaría movilizando más de 13 millones dólares al año.

Tampoco Sophie Canal considera que el nivel de lectoría de la gente vaya en decadencia, cree que los peruanos consumen “menos que en otros países, pero se lee más que hace diez años, justamente por estas propuestas editoriales nuevas y por el hecho de que el precio del libro ha bajado”, explica.

Además de la cuestión económica, el problema tiene que ver con el circuito tradicional de distribución: las librerías. “Si no hay punto de venta, no podemos llegar”, afirma Pierre Emile Vandoorne de editorial Matalamanga. Del mismo modo, considera que parte de esta responsabilidad la tiene el Estado por dejar en el abandono el sector editorial. “Si a través de las bibliotecas públicas se asegurara que haya libros disponibles para la población, se reduciría la piratería”, expresa.

Lectores del ciberespacio
“Existe un gran número de lectores en el Perú, y eso solamente hablando del libro impreso porque si aparte cuentas a la gente que lee en Internet, esa cantidad aumenta”, fue lo que opinó Vandoorne.

Efectivamente, a través de Internet se puede acceder a la obra de distintos escritores. Un clarísimo ejemplo es la Biblioteca Digital Ciudad Seva, portal electrónico fundado el 12 de diciembre de 1995 por el escritor puertorriqueño Luis López Nieves.

Fue creada con el propósito de difundir la obra de su creador, pero poco a poco se fue convirtiendo en un espacio para la difusión del arte de la narración en general. Hoy tiene más de 16,5 millones de visitas, convirtiéndose en uno de los portales de literatura más visitados del mundo.

Esta realidad permite especular sobre el futuro del libro impreso, sin embargo, Lasso no cree que esto signifique su fin. Considera que el ser humano requiere de éste no solo por su función de lectura, sino también por un vínculo de carácter sentimental. “Hay libros que mucha gente guarda para siempre. (Podemos encontrar) desde alguien muy pobre hasta gente adinerada que coleccionan libros antiguos del siglo XVII”, afirma.

Los escritores: ¿son cada vez más?
Hoy parece que publicar un libro se ha vuelto una tarea cada vez más sencilla. Existe una gran oferta editorial que se traduce en la inmensa cantidad de libros que aparecen cada año. “Si alguien quiere ser escritor, este es el mejor momento, al menos en términos de difusión”, dijo el director de Estruendomudo.

¿A qué se debe este fenómeno? En una entrevista publicada por elcomercio.com.pe, Luís Hernán Castañeda afirmó que somos testigos del surgimiento de una generación de escritores con una variedad temática como nunca antes se había visto.

¿Es que acaso hay más gente que escribe en comparación a otras décadas? “No creo que haya más escritores, sino que ahora son más escuchados, justamente porque hay más editoriales”, opinó Sophie Canal.

La forma en que un escritor se aproxima a una editorial siempre ha consistido en que aquel manda sus manuscritos con los pocos centavos que tenían. El avance de las tecnologías de la comunicación ha permitido a los autores transmitir su obra en cuestión de segundos. “Yo recibo los manuscritos de los escritores por mail. Me mandan 200 o 300 páginas en Word en un segundo. Entonces, no creo que haya más gente que escribe, sino que comunicar tus escritos a otra persona se ha vuelto más fácil”, cuenta Vandoorne.

Primera Parte del reportaje: Las editoriales independientes

Entre el 2002 y el 2004, el mercado editorial peruano fue testigo del nacimiento de un nuevo grupo de editoriales independientes, entre las que destacan Estruendomudo, Matalamanga, Sarita Cartonera, Solar, entre otras. En su mayoría, se tratan de iniciativas de estudiantes universitarios sin ninguna formación editorial previa, con muy pocas herramientas, pero con todo el deseo de publicar.

El caso de Matalamanga quizá sea el más simbólico en este punto. Su directorio está conformado por un grupo de amigos escritores que estudiaron carreras fuera del asunto editorial, no obstante, comparten un profundo amor por la literatura.

Las editoriales independientes

Texto y fotos: Ronald Cotaquispe
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XIII Coloquio de Estudiantes de Literatura: Pierre Emile Vandoorne (Matalamanga), Mateo Millones (moderador del XIII Coloquio de Estudiantes de Literatura) y Álvaro Lasso (Estruendomudo)

Entre el 2002 y el 2004, el mercado editorial peruano fue testigo del nacimiento de un nuevo grupo de editoriales independientes, entre las que destacan Estruendomudo, Matalamanga, Sarita Cartonera, Solar, entre otras. En su mayoría, se tratan de iniciativas de estudiantes universitarios sin ninguna formación editorial previa, con muy pocas herramientas, pero con todo el deseo de publicar.

El caso de Matalamanga quizá sea el más simbólico en este punto. Su directorio está conformado por un grupo de amigos escritores que estudiaron carreras fuera del asunto editorial, no obstante, comparten un profundo amor por la literatura.

Para Sophie Canal, miembro del directorio, lanzar su editorial fue prácticamente una aventura. Realizaron un estudio de mercado “para encontrar el nombre de la editorial. Hicimos una lista de nombres que nos gustaban y fuimos a un supermercado Santa Isabel para preguntar a la gente cuál le gustaba más”, afirma Canal.

Por su parte, Estruendomudo E.I.R.L, considerada la editorial independiente más exitosa, tiene raíces más académicas, tal como contó su director, Álvaro Lasso, en el XIII Coloquio de Estudiantes de Literatura: “la editorial se desarrolló a partir de la interacción que tuve en el año 2001 con alumnos de la universidad Católica y San Marcos. Era una época en que se hacían muchas revistas y fanzines contraculturales”.

Lasso narró también que en el 2003 sacó un periódico de poesía llamado “Odumodneurtse” (‘Estruendomudo’ al revés), al igual que el verso trece de Trilce, la obra poética de Cesar Vallejo. A partir de allí, aprendió cómo era la lógica del circuito editorial e hizo contacto con gente interesada en escribir libros. Mayormente se trataban de compañeros estudiantes de Literatura, entre los que figuraba Luis Hernán Castañeda, considerado hoy el escritor novel más exitoso del Perú.

En septiembre del 2007, éstas y muchas otras editoriales conformaron la Alianza Peruana de Editores (ALPE), que agrupa a 25 empresas editoras, incluyendo fondos editoriales y ONGs. Una de sus funciones es incentivar el desarrollo de la industria editorial peruana, promoviendo el desarrollo de ferias de libros y la creación de una red de bibliotecas públicas en Lima y provincias.

Si bien ALPE es una asociación sin fines de lucro, está integrada por empresas que requieren de un beneficio comercial. Su vice-presidente, Pierre Emile Vandoorne, asegura que buscan que las editoriales independientes tengan una mayor presencia dentro del mercado (en ferias y librerías), ya que éste se encuentra copado por las editoriales transnacionales: Norma, Planeta y Santillana, dentro de la cual está Alfaguara. “Si bien hay cierto nivel de competencia entre nosotros, más son las cosas que nos empujan a trabajar en conjunto”, dijo Vandoorne.

La ardua tarea de sobrevivir

Mantenerse en el mercado siempre ha sido todo un drama para las editoriales, sobre todo para las independientes. Es una tradición en Latinoamérica que éstas perduren solamente dos o tres años y luego desaparezcan, aunque eso depende mucho del carácter de cada editorial.

Por ejemplo, los gastos que deben afrontar estas editoriales incluyen la contratación de correctores de estilo, diseñadores, diagramadores e imprentas. Este último es el gasto más alto y requiere de una inversión más o menos de dos mil dólares, asevera Lasso en una entrevista otorgada a El Comercio en julio del 2007.

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Pierre Emile Vandoorne (Matalamanga) y Mateo Millones (moderador del XIII Coloquio de Estudiantes de Literatura)

No obstante, para estos jóvenes directores el costo editorial va más allá. Pierre Emile Vandoorne, vice-presidente de ALPE, explica que “el primer costo para nosotros es el tiempo que le dedicamos a publicar, pues es tiempo que le robamos a las actividades que nos permiten sobrevivir. Luego está el riesgo de publicar, ya que publicamos libros que nos parecen buenos, pero eso no asegura que se vaya a vender”.

Para suplir estos costos, algunas editoriales simplemente se limitan a publicar lo que pueden: entre dos o tres libros anuales, dependiendo de los recursos disponibles. Otras, en cambio, buscan financiamiento a partir de negocios adicionales.

Durante su ponencia en el XIII Coloquio, Lasso confiesa que Estruendomudo ha logrado sostenerse gracias a que se ha dedicado a producir afiches y catálogos para suplir los costos de producción. Aún así, dice apostar por un futuro en que pueda vivir publicando únicamente lo que le gusta: literatura.

Las grandes editoriales

Sabemos que las editoriales trasnacionales tienen una capacidad de distribución enorme y que sus libros son colocados en los primeros escaparates de las librerías, pero ni eso las convierte necesariamente en empresas rentables. Algunos ejemplos:

Grupo Editorial Norma S.A.C es una filial de Norma Comunicaciones, empresa especializada en la edición y comercialización de libros, que a su vez es parte de Carvajal S.A., una organización que integra catorce empresas que realiza actividades en países de América Latina y España. Carvajal S.A. se dedica a negocios relacionados con la venta de cuadernos escolares y muebles al por mayor y menor.

Editorial Planeta Perú S.A. pertenece a un conjunto mayor de editoriales pertenecientes al Grupo Planeta, empresa líder en el ámbito de las comunicaciones en España, que posee acciones en múltiples medios en televisión, radio e Internet. Además, incursiona en el comercio electrónico y en la distribución de contenidos a través del teléfono móvil.

Santillana S.A. es un caso especial: no tiene otras actividades fuera del rubro editorial, pero está especializada en la producción de libros para el mundo educativo, en especial dirigidos al público infantil, uno de los sectores más rentables del mercado, junto con el de autoayuda y superación personal, según la encuesta sobre la Percepción sobre el Clima Empresarial Editorial en el 2007 y tendencias a corto plazo del Centro Regional para el fomento del libro en América Latina y el Caribe (CERLALC).

Álvaro Lasso, director de Estruendomudo, asegura que el sector infantil es venta asegurada debido al Plan Lector, una iniciativa del Ministerio de Educación que está en marcha desde agosto del 2006, con el propósito de incentivar el hábito de lectura en los escolares del país. Este plan consiste en que cada alumno lea doce libros por año, uno por cada mes, incluyendo los períodos de vacaciones.

“Eso es la maravilla para los editores, pues les permite producir un montón”, afirmó el director de Estruendomudo en su exposición. Gracias a este tipo de políticas, Santillana S.A. es la gigantesca empresa que todos conocemos.

Entonces, ¿cuál es el propósito de publicar grandes autores, si estos no producen mayores ganancias para sus editoriales? “Los autores como Vargas Llosa en Alfaguara o (Gabriel) García Márquez en Norma les dan más que nada prestigio a sus editoriales”, fue la respuesta que dio Lasso en su ponencia. Asimismo, cree que este prestigio sirve de amparo de los otros negocios que manejan las editoriales.