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Humberto Ortiz Pajuelo es más conocido entre los jóvenes por salir en la televisión. Es aún más conocido por salir con Aldo Miyashiro en la televisión. No todos lo conocen (o lo recuerdan) por haberse auto-exiliado del país por cinco años durante el gobierno de Toledo. Mucho menos recuerdan que tiene un lío legal por resolver con Blanca Rosales (o mucho menos saben que Blanca Rosales es periodista de La República), o que si pudiera tener un hijo, quisiera que fuera con Claudia Cisneros. ¿Qué más nos falta saber sobre Beto Ortiz? Que él escribe, y lo hace desde hace mucho tiempo. Para recordárnoslo está Por favor, no me beses.

Recordando al Beto escritor

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Colaboración: Karina Montoya

Humberto Ortiz Pajuelo es más conocido entre los jóvenes por salir en la televisión. Es aún más conocido por salir con Aldo Miyashiro en la televisión. No todos lo conocen (o lo recuerdan) por haberse auto-exiliado del país por cinco años durante el gobierno de Toledo. Mucho menos recuerdan que tiene un lío legal por resolver con Blanca Rosales (o mucho menos saben que Blanca Rosales era periodista de La República), o que si pudiera tener un hijo, quisiera que fuera con Claudia Cisneros. ¿Qué más nos falta saber sobre Beto Ortiz? Que él escribe, y lo hace desde hace mucho tiempo. Para recordárnoslo está Por favor, no me beses.

Este libro es una recopilación de crónicas publicadas en diversos medios y que, por cierto, están todas en su página Web a excepción de dos. Desde su ex-columna en Perú21 hasta alguno que otro texto que incluyó en Grandes Sobras, este libro nos trae a la memoria diversos escenarios de la vida capitalina limeña y de la vida de su autor en el Perú y en EE.UU. Como lo anuncia el prólogo, lo fenomenal (o el fenómeno) del libro es que todas las miradas se dirigen al narrador omnisciente de las crónicas, a un yo que cuenta porque tiene algo que contar. Y, a pesar de los años, todo lo que cuenta continúa teniendo un saborcito a nuevo.
Con este libro, se deja por sentado que las crónicas, efectivamente, sobreviven a los hechos. A las modas y las épocas. Al autor mismo.

En la presentación de Por favor, no me beses en la PUCP –en ocasión de la Feria del Fondo PUCP– Beto Ortiz mantuvo una entretenida conversación con los panelistas, en la que dijo que este libro es en realidad el resultado del esfuerzo que hizo un colega suyo (egresado de la PUCP) al recopilar estos textos, y que, bueno, [parafraseando] este libro vio la luz porque un chequecito en mano de vez en cuando no hace daño. Sin tener rencor alguno (más bien, agradecimiento) por su formación católica y poner un calcetín de Papá Noel en su casa por Navidad a ver si por si acaso Dios existe, Ortiz nos trae un libro que más que darnos nuevo material nos trae a la memoria etapas de su carrera y de la Lima de las dos últimas décadas.
Crónicas como “Todos estábamos muertos”, “Mi entrañable dictador” o “Antes que me olvides” son las que enternecerán a más de uno. Otras, como “Pollito del Mar” dibujarán una sonrisota en la cara de los miles de peruanos que han pasado alguna temporada en EE.UU. “Todo es gay”, aparte de lo hilarante que es, hará pensar a más de un macho, machista y feminista en lo que realmente se encuentra en el imaginario de las personas sobre la homosexualidad. El clásico “Fletes”, que también fue publicado en Grandes Sobras, nos expone a un mundo que aún existe (y quién sabe por cuánto más), sin prejuicios o condescendencia hacia esta realidad, porque un “no se escribe para moralizar”, parafraseando a Beto.

Leer sus crónicas nos refrescará la memoria. Nos hará conocer un personaje que, más allá del figuretismo que expone (cuando entró a la librería de la PUCP y posó para que los que aún se emocionan por ver a figuras de la televisión puedan tomarle fotos), es un cronista recorrido que se confiesa incapaz de crear mundos literarios como los demás escritores. A pesar de que cada una sus crónicas tengan un pedacito de mundo, a veces irreal, pero mundo al fin y al cabo.

Julio Villanueva Chang, periodista, gurú editor, cronista, fundador y ex director de Etiqueta Negra, presentó su libro de perfiles ‘Elogios criminales’ y Número Zero aprovechó para conversar con él sobre crónicas, cronistas y el quehacer periodístico.

Villanueva Chang: “Los periodistas nunca van a hablar de la gente”

Por: Gerardo Cárdenas

Julio Villanueva Chang, periodista, gurú editor, cronista, fundador y ex director de Etiqueta Negra, presentó su libro de perfiles ‘Elogios criminales’ y  Número Zero aprovechó para conversar con él sobre crónicas, cronistas y el quehacer periodístico.

Lucho entra al salón con la caminada rápida de siempre. Deja su maletín en el escritorio, también su botella de agua. Con la misma rapidez borra la pizarra. Se acomoda el cabello, color castaño claro, y se sienta dispuesto a iniciar su clase.

Y, por sobre todo, poeta

Texto y fotos: Carlos García

numerozero_chuecaEl profesor

Lucho entra al salón con la caminada rápida de siempre. Deja su maletín en el escritorio, también su botella de agua. Con la misma rapidez  borra la pizarra. Se acomoda el cabello, color castaño claro, y se sienta dispuesto a iniciar su clase.

Desde hace doce años Luis Fernando Chueca se desempeña como docente en la facultad de Estudios Generales Letras de la PUCP. Hoy dicta los cursos Poesía y Taller de poesía, cuando ingresó lo hizo como profesor de Literatura. No hay primer día de clases que no sienta los nervios de la primera vez, los cuales desaparecen poco a poco ayudado por la fuerza de la poesía. A pesar de ser un poeta reconocido en nuestro medio son pocos los que se inscriben en sus cursos sabiendo su trayectoria.

En clase parece un profeta, no sólo por la barba blanca y el cabello largo que se va de a pocos, sino por la pasión con la que entona cada palabra. Su voz viaja hacia los oídos de atentos jóvenes que no se pierden ningún dato. La clase discurre sobre las vanguardias poéticas. Pocos escriben, la mayoría sigue con su mirada el movimiento de manos que acompaña el discurso del profesor.

“Puedo llegar a clase cansado y con ganas de no entrar, de irme a casa, pero al llegar uno siente el interés de los chicos y eso me da fuerza. Además hablar de temas que te apasionan frente a un público dispuesto a escucharte te revitaliza”, comenta. Los ojos de Lucho brillan ya sea cuando habla del cubismo ruso o de la poesía peruana de los sesenta. Tiene la ventaja de trabajar ligado a su pasión que es la poesía.

En el taller de poesía que tiene a su cargo dialoga con jóvenes que comparten el mismo interés: chicos y chicas que llegan con uno que otro poema escrito y que desean ahondar sus conocimientos en la materia. Ellos no saben que su profesor fue alguna vez un joven como ellos, y hoy es todo un maestro.

El poeta

Si bien escribía desde el colegio, en la universidad conoció un movimiento poético amplio que lo llevó a descubrir un nuevo mundo. Luis Fernando Chueca ingresó a la PUCP para estudiar Literatura en el 83, los primeros años de una década violenta. Una época que nos marcaría a todos y que sería retomada años más tarde en su poesía.

En 1991 publica su primer poemario. Rincones, anatomía del tormento es, según Rocío Silva Santisteban, “una reflexión sobre el cuerpo y las mutilaciones, este cuerpo que nos limita y que es apenas un ser para la muerte”, palabras recogidas en La mitad del cuerpo sonríe, libro de Víctor Manuel Mendiola. El sufrimiento y el dolor aparecían en la poesía de Lucho para no alejarse nunca.

Luego vino Animales de la casa (1996). Este texto le tomó siete días al poeta, quien estuvo sumergido en una rutina de lectura y escritura. Sin embargo, Lucho confiesa ser enemigo de las rutinas pues solamente funcionan en algunos casos. El ejemplo fue su tercer poemario Ritos Funerarios (1998), el cual surgió juntando escritos hechos de a pocos y por separado, pero con una misma temática: la unión de la familia ante la pérdida de uno de sus miembros.

Su cuarto poemario, publicado en el 2005, es nuevamente un libro sobre la muerte. Lucho ha sido marcado por ésta desde los doce años. Al hablar sobre esto el poeta cambia el tono de su voz y esta es diferente a la del profesor que, emocionado, dicta una clase de poesía. En sus ojos claros se siente el recuerdo de todos aquellos que pasaron.

Dicen que cuando se escribe uno se libera de sus demonios. Hay algo dentro del autor de Contemplación de los cuerpos que no termina de salir y que está ligado a la muerte. El poeta dice que de alguna forma todos perdemos algo con cada ser querido que se nos va, y que eso no se borra.

Pero en su último libro no sólo trata de muertes cercanas. En él, Chueca regresa a los noventa y se encuentra con un panorama desolador lleno de dolor y tragedia. Su poesía alza la voz para hacer suya el sufrimiento de los deudos de la violencia política. En palabras de Oscar Limache, en declaraciones a El Comercio: “Si no es para solidarizarnos con el dolor humano, no entiendo para qué más podemos tener voz los poetas”.

***

Luis Fernando Chueca es un tipo sencillo. Se emociona con una entrevista, lo mismo que apareciendo en una antología poética o ser llamado un buen poeta, para luego tomarlo con calma. Debe ser porque en el Perú los lectores de poesía son cada vez menos y en la mayoría de los casos son los mismos que escriben dicho género quienes lo leen. Además es de los que no saben cómo responder preguntas cortas que suenan bonito en una entrevista.

Lucho es también bastante trabajador y no encuentra tiempo para escribir poemas muy a menudo. Para su suerte, su trabajo está ligado a la poesía y no la abandona. Si tuviera dinero suficiente se dedicaría a escribir, tanto crítica literaria como nuevos poemarios, y lo haría aún sabiendo que nadie lo fuera a leer. Como dice la contratapa de su último poemario: “es crítico literario, catedrático y, por sobre todo, poeta”. De alguna forma ya sabemos que temas tocaría en un próximo libro.

Alberto Fuguet es periodista, escritor, cinépata y cineasta. Entre su producción encontramos ‘Tinta Roja, ‘Por Favor, rebobinar’, ‘Apuntes Autistas’ y ‘Mi cuerpo es una celda’. Su primera película se llama ‘Se Arrienda’ y amenaza con rodar una segunda en Iquitos. Fuguet es periodista de profesión, pero escritor por vocación así que quién mejor que él para responder a las dudas de un joven periodista sobre ambos temas. Luego de un intercambio de correspondencia vía Gmail salió la siguiente entrevista.

Alberto Fuguet: “Tengo ganas de dejar el periodismo (a pesar que hago poco)”

Texto y fotos: Carlos García

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Alberto Fuguet es periodista, escritor, cinépata y cineasta. Entre sus creaciones encontramos Tinta Roja; Por Favor, rebobinar; Apuntes Autistas y Mi cuerpo es una celda. Su primera película se llama Se Arrienda y amenaza con rodar una segunda en Iquitos. Fuguet es periodista de profesión, pero escritor por vocación así que quién mejor que él para responder a las dudas de un joven periodista sobre ambos temas. Luego de un intercambio de correspondencia vía Gmail, transcribo las palabras que Alberto me mandará vía mail con la respuesta a mis preguntas:

Ok. Entre viajes, aviones, horarios cambiados, aquí van las preguntas extras. Espero que te sirva. Toda la suerte y gracias a ti x el interés.Eso. Salu2. Alberto F.

¿Por qué Alberto Fuguet decide estudiar periodismo?

Por dos motivos, creo. Uno porque era lo más parecido a cine/comunicaciones que había en el país en esa época. Esto es en los ochenta: Pinochet y pre-globalización. Habían cerrado las escuelas de comunicaciones, era casi una carrera tabú. También estudié porque pensé que podía ser divertido ser reportero de guerra pero, la verdad, pensé que el camino a la legitimidad como crítico de cine sería el periodismo. No ingresé pensando matar el tiempo mientras me transformaba en escritor. Se me ocurrió que podía escribir estando en la Escuela.

Tanto el periodista como el escritor ¿sienten una necesidad por escribir? ¿Ambos viven buscando contar historias?

Supongo. O mejor: no sé. Creo que los periodistas puros están más interesados en golpear, en el dato, en ser el primero. Creo que al periodista lo mueve la nariz, el olfato; el escritor trabaja más con la memoria. Creo que ambos tienen cosas en común pero creo que son más las diferencias. Otra cosa es que muchos escritores están en la prensa, como columnistas o cronistas. Igual cansa escribir tanto y es una relación tan provechosa como peligrosa. El verdadero peligro es el periodista-escritor que opina, el columnista de batalla. Lo que pasa con ellos es que uno siente que no necesita leerlos pues ya sabe qué opinan de la vida. Fíjate: son pocos los escritores americanos que escriben en la prensa. Por algo será.

¿Envidia un escritor el público que tiene un periodista? O ¿qué le envidia uno al otro?

No, al menos no yo. Un periodista tiene, claro, mucho público. Además, depende de qué tipo de periodista: el de la TV, el de radio, el de una revista especializada. El periodista sabe que alguien lo leerá. Un escritor no. Pero te confieso que yo sé que tengo unos lectores. No sé quiénes son pero sé que tengo un grupo. No son fans ni nada, pero son algo así como aliados y a ellos les escribo o, al menos, pienso que quizás me lean cuando escribo o publico. Ya no me interesa llegar a todos, ni menos llegar a los que no me quieren leer. No me siento particularmente envidioso. Me interesa más ser escritor-cineasta que periodista. Ahora bien, esto de periodista creo que ya no vale. ¿Qué es un blogger? De alguna manera es un cronista que tiene un público reducido u homogéneo. Algo así. Creo.

Más allá del gusto personal que puedas tener por Tinta Roja, ¿crees que se le pueda considerar una guía de periodismo?

Me cae bien Tinta roja, le tengo afecto. No sé si es una guía, quizás. O es un retrato de una etapa que pasó. Sí te confieso que TR fue hecha pensando que quizás algún día se leyera en las escuelas de periodismo. Pero en los recreos. La escribí pensando en el alumno que fui. Creo que si TR es algo, es una no-guía. Su meta es que la gente NO estudie periodismo.

Citando a Faúndez. Si el periodismo se aprende en la calle, ¿dónde se aprende a escribir? O, en todo caso, ¿dónde se aprende a ser escritor?

En familia. Recordando. Se aprende siendo capaz de arriesgarlo todo. Se aprende, creo, leyendo y frente al computador. No se aprende en la calle, lo que no implica que un escritor necesite prescindir de la calle. La calle es clave tal como lo es la biblioteca. Pero los dos extremos son extremos y conducen a problemas.

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En tus libros siento un estilo propio de la crónica periodística, quizá no en todos pero si en una mayoría significativa. ¿Un periodista no abandona del todo sus orígenes?

Quizás es lo que yo llamo el componente REALISMO o mi intento de captar el zeitgeist o signos de los tiempos. Supongo que uno nunca abandona nada y, por lo tanto,  siempre llevaré el periodismo o la mirada periodística conmigo. Espero que eso no sea malo. Pero nada: si lo es, qué le voy a hacer. Uno escribe con todos los pros y los contras de uno.

Alfonso Fernández es un tipo sacado de ti. Pero en Por favor, rebobinar aparecen otros periodistas, más lights que Fernández y ‘El Clamor’, ¿cómo construir estos personajes?

Todos los personajes se construyen igual, sean o no sean periodistas. Todos, supongo, tienen algo mío. Pero, más importante, se componen de elementos o características que me interesan. Creo que es extremadamente complicado escribir de aquello que no te interesa y aún más crear personajes con los cuales no podrías empatizar o pasar un buen rato juntos. Tus personajes los tienes que querer o, al menos, entender.

¿Dirías que el periodismo y la literatura son primos, hermanos o buenos amigos?

Primos que no se ven pero que tienen sangre en común y muchas anécdotas compartidas.

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En Apuntes Autistas narras el encuentro con Richard Price y cómo este te dice que al tener un personaje tienes una historia. ¿Pasa lo mismo con el periodismo?

Concuerdo con Price. Para mí todo es el personaje, sobre todo ahora que quiero hacer cine. No creo que suceda lo mismo con el periodismo. Lo importante creo, es la verdad. Y el periodismo cultural o la crónica es otra cosa pero tampoco creo que se base en un personaje. A veces sí pero en el periodismo es clave el ángulo, la mirada, la información o la opinión.

¿Sentiste que volvías a hacer una investigación periodística mientras recolectabas la información sobre Caicedo para Mi cuerpo es una celda?

Algo. Me sentí más como un psicólogo o un pariente que quiere entender por qué pasó lo que pasó. Con Caicedo estaba claro que sabía el final. Creo que toda investigación te hace sentir un detective. Un detective salvaje. Y lo que quería era averiguar por qué pasó lo que pasó. Creo que, dentro de todo, pude intuir qué sucedió y por qué. Caicedo dejó de ser el mito, el rockero drogo y apareció un tipo mucho más frágil y tímido que no sabía otra cosa más que escribir, aunque no necesariamente narrar.

¿Extraña Fuguet hacer periodismo? ¿Por qué?

No, porque sigo ligado. Ahora mismo debo dos artículos de viajes. Lo que extraño es la vida creativa “pura”. Tengo ganas de dejar el periodismo (a pesar que hago poco). Quiero darme un par de años de vago y dedicarme a escribir, filmar o leer.

¿Lees diarios? ¿Qué sección lees? ¿Por qué?

Sí, leo, más diarios online como La Tercera y El Mercurio, en Chile. Trozos. Leo espectáculos y cultura primero, siempre. Leo bastante The New York Times, sus críticos son insuperables así como la parte literaria. No soy adicto a El País. Sí entro a blogs, me informo bastante vía Moleskine de Thays.

¿Qué nunca leerías?

Más que decir nunca, no me obligo a leer por culpa o porque corresponde o porque está de moda o porque todos lo están leyendo. Leo a mi manera y si no me gusta, lo dejo.

¿Qué le recomendarías leer a los periodistas que quieren ser escritores o tiene curiosidad por la literatura?

A aquellos que quieren ser escritores, creo que les recomiendo leer y leer, pero leer por placer. No soy bueno a la hora de recomendar-aconsejar ni menos a la hora de hacer listas. Creo que un tipo que desea ser escritor y no lee es sospechoso. No digo que tenga que leerlo todo, cada libro del mundo, pero siempre debe estar leyendo o con ganas de leer.

Antes de finalizar. Hay gente entusiasmada con tus ganas de filmar en Iquitos una película, pero también hay personas que esperan con ansias la versión gráfica de Perdido. ¿Cuáles son los nuevos proyectos que tienes?

Lo de Iquitos es un proyecto con luz amarilla, es decir, puede que resulte, en eso estoy y estamos, y me parece un gran desafío. Iquitos me dejó convencido que puede dar para una película. Ahora estoy tratando de escribir el guión y armar el personaje que eventualmente sudaría en la selva. Perdido casi se perdió; no será una película pero como dices, será una novela gráfica donde lo visual será clave. Le tengo mucha fe al dibujante. Siempre creí en esa historia y en ese personaje: Agustín Barros. Me parece alucinante y tranquilizador saber que todo ese trabajo no se perderá sino que capaz hasta gane. Perdido es un libro programado para el 2010. En octubre sale Missing, mi nuevo libro, que es una novela de no ficción o quizás es una novela, no más.

Entre el 2002 y el 2004, el mercado editorial peruano fue testigo del nacimiento de un nuevo grupo de editoriales independientes, entre las que destacan Estruendomudo, Matalamanga, Sarita Cartonera, Solar, entre otras. En su mayoría, se tratan de iniciativas de estudiantes universitarios sin ninguna formación editorial previa, con muy pocas herramientas, pero con todo el deseo de publicar.

El caso de Matalamanga quizá sea el más simbólico en este punto. Su directorio está conformado por un grupo de amigos escritores que estudiaron carreras fuera del asunto editorial, no obstante, comparten un profundo amor por la literatura.

Las editoriales independientes

Texto y fotos: Ronald Cotaquispe
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XIII Coloquio de Estudiantes de Literatura: Pierre Emile Vandoorne (Matalamanga), Mateo Millones (moderador del XIII Coloquio de Estudiantes de Literatura) y Álvaro Lasso (Estruendomudo)

Entre el 2002 y el 2004, el mercado editorial peruano fue testigo del nacimiento de un nuevo grupo de editoriales independientes, entre las que destacan Estruendomudo, Matalamanga, Sarita Cartonera, Solar, entre otras. En su mayoría, se tratan de iniciativas de estudiantes universitarios sin ninguna formación editorial previa, con muy pocas herramientas, pero con todo el deseo de publicar.

El caso de Matalamanga quizá sea el más simbólico en este punto. Su directorio está conformado por un grupo de amigos escritores que estudiaron carreras fuera del asunto editorial, no obstante, comparten un profundo amor por la literatura.

Para Sophie Canal, miembro del directorio, lanzar su editorial fue prácticamente una aventura. Realizaron un estudio de mercado “para encontrar el nombre de la editorial. Hicimos una lista de nombres que nos gustaban y fuimos a un supermercado Santa Isabel para preguntar a la gente cuál le gustaba más”, afirma Canal.

Por su parte, Estruendomudo E.I.R.L, considerada la editorial independiente más exitosa, tiene raíces más académicas, tal como contó su director, Álvaro Lasso, en el XIII Coloquio de Estudiantes de Literatura: “la editorial se desarrolló a partir de la interacción que tuve en el año 2001 con alumnos de la universidad Católica y San Marcos. Era una época en que se hacían muchas revistas y fanzines contraculturales”.

Lasso narró también que en el 2003 sacó un periódico de poesía llamado “Odumodneurtse” (‘Estruendomudo’ al revés), al igual que el verso trece de Trilce, la obra poética de Cesar Vallejo. A partir de allí, aprendió cómo era la lógica del circuito editorial e hizo contacto con gente interesada en escribir libros. Mayormente se trataban de compañeros estudiantes de Literatura, entre los que figuraba Luis Hernán Castañeda, considerado hoy el escritor novel más exitoso del Perú.

En septiembre del 2007, éstas y muchas otras editoriales conformaron la Alianza Peruana de Editores (ALPE), que agrupa a 25 empresas editoras, incluyendo fondos editoriales y ONGs. Una de sus funciones es incentivar el desarrollo de la industria editorial peruana, promoviendo el desarrollo de ferias de libros y la creación de una red de bibliotecas públicas en Lima y provincias.

Si bien ALPE es una asociación sin fines de lucro, está integrada por empresas que requieren de un beneficio comercial. Su vice-presidente, Pierre Emile Vandoorne, asegura que buscan que las editoriales independientes tengan una mayor presencia dentro del mercado (en ferias y librerías), ya que éste se encuentra copado por las editoriales transnacionales: Norma, Planeta y Santillana, dentro de la cual está Alfaguara. “Si bien hay cierto nivel de competencia entre nosotros, más son las cosas que nos empujan a trabajar en conjunto”, dijo Vandoorne.

La ardua tarea de sobrevivir

Mantenerse en el mercado siempre ha sido todo un drama para las editoriales, sobre todo para las independientes. Es una tradición en Latinoamérica que éstas perduren solamente dos o tres años y luego desaparezcan, aunque eso depende mucho del carácter de cada editorial.

Por ejemplo, los gastos que deben afrontar estas editoriales incluyen la contratación de correctores de estilo, diseñadores, diagramadores e imprentas. Este último es el gasto más alto y requiere de una inversión más o menos de dos mil dólares, asevera Lasso en una entrevista otorgada a El Comercio en julio del 2007.

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Pierre Emile Vandoorne (Matalamanga) y Mateo Millones (moderador del XIII Coloquio de Estudiantes de Literatura)

No obstante, para estos jóvenes directores el costo editorial va más allá. Pierre Emile Vandoorne, vice-presidente de ALPE, explica que “el primer costo para nosotros es el tiempo que le dedicamos a publicar, pues es tiempo que le robamos a las actividades que nos permiten sobrevivir. Luego está el riesgo de publicar, ya que publicamos libros que nos parecen buenos, pero eso no asegura que se vaya a vender”.

Para suplir estos costos, algunas editoriales simplemente se limitan a publicar lo que pueden: entre dos o tres libros anuales, dependiendo de los recursos disponibles. Otras, en cambio, buscan financiamiento a partir de negocios adicionales.

Durante su ponencia en el XIII Coloquio, Lasso confiesa que Estruendomudo ha logrado sostenerse gracias a que se ha dedicado a producir afiches y catálogos para suplir los costos de producción. Aún así, dice apostar por un futuro en que pueda vivir publicando únicamente lo que le gusta: literatura.

Las grandes editoriales

Sabemos que las editoriales trasnacionales tienen una capacidad de distribución enorme y que sus libros son colocados en los primeros escaparates de las librerías, pero ni eso las convierte necesariamente en empresas rentables. Algunos ejemplos:

Grupo Editorial Norma S.A.C es una filial de Norma Comunicaciones, empresa especializada en la edición y comercialización de libros, que a su vez es parte de Carvajal S.A., una organización que integra catorce empresas que realiza actividades en países de América Latina y España. Carvajal S.A. se dedica a negocios relacionados con la venta de cuadernos escolares y muebles al por mayor y menor.

Editorial Planeta Perú S.A. pertenece a un conjunto mayor de editoriales pertenecientes al Grupo Planeta, empresa líder en el ámbito de las comunicaciones en España, que posee acciones en múltiples medios en televisión, radio e Internet. Además, incursiona en el comercio electrónico y en la distribución de contenidos a través del teléfono móvil.

Santillana S.A. es un caso especial: no tiene otras actividades fuera del rubro editorial, pero está especializada en la producción de libros para el mundo educativo, en especial dirigidos al público infantil, uno de los sectores más rentables del mercado, junto con el de autoayuda y superación personal, según la encuesta sobre la Percepción sobre el Clima Empresarial Editorial en el 2007 y tendencias a corto plazo del Centro Regional para el fomento del libro en América Latina y el Caribe (CERLALC).

Álvaro Lasso, director de Estruendomudo, asegura que el sector infantil es venta asegurada debido al Plan Lector, una iniciativa del Ministerio de Educación que está en marcha desde agosto del 2006, con el propósito de incentivar el hábito de lectura en los escolares del país. Este plan consiste en que cada alumno lea doce libros por año, uno por cada mes, incluyendo los períodos de vacaciones.

“Eso es la maravilla para los editores, pues les permite producir un montón”, afirmó el director de Estruendomudo en su exposición. Gracias a este tipo de políticas, Santillana S.A. es la gigantesca empresa que todos conocemos.

Entonces, ¿cuál es el propósito de publicar grandes autores, si estos no producen mayores ganancias para sus editoriales? “Los autores como Vargas Llosa en Alfaguara o (Gabriel) García Márquez en Norma les dan más que nada prestigio a sus editoriales”, fue la respuesta que dio Lasso en su ponencia. Asimismo, cree que este prestigio sirve de amparo de los otros negocios que manejan las editoriales.